He ahí aquel que excedió los límites del aire, penetró en el cielo, recorrió las estrellas, traspasó los confines del mundo, tras haber desvanecido la fantástica muralla de las primeras esferas, de las octavas, las novenas, las décimas, y [aún] otras que habrían podido añadir vanos matemáticos y la ciega visión de los filósofos vulgares. [...]

