El descanso…

Cuando abrí la caja, ví que Baldanders hacía tiempo que se había dormido. Lo noté por el hilillo de baba que le pendía de la boca. Verlo acurrucado así me produjo ternura, pero ya hacía mucho que estaba dormido. Pensé en agitar levemente la caja para que se despertara, pero me pareció más dulce acariciarlo con un dedo… Noté que lo sacaba poco a poco de su sueño, y con placer, naturalmente, sin esfuerzo ni sobresaltos comenzó a despertarse…


Y Baldanders, entonces, abrió los ojos.

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