Cadena iniciática

Es verdad que todos estamos en el camino del aprendizaje. Y éste, evidentemente es un camino compuesto por muchos caminos… algunos más largos, otros más cortos. Pero sea cual sea el que tomemos, ése es el nuestro. Recuerdo haber leído un poema que decía algo así como “por diversos caminos los hombres suben la montaña. Pero al final, al llegar a la cumbre, es la misma luna quien los recibirá”. (Yéndome un poco del tema, es interesante preguntarse por qué en el poema se dice que es la luna quien recibe a los hombres, y no el sol)

Estoy de acuerdo en que muchas veces, dependiendo de la “escuela” a la que uno se esté refiriendo, las palabras nos enredan y confunden, haciéndonos malinterpretar lo que el otro dice o quiere decir, y es muy común que esto suceda en un foro o grupo. No en vano, y para utilizar un concepto bíblico, nos encontramos en un estado “caído”, muy lejos del punto en que ya no necesitamos del lenguaje hablado (o escrito) para comunicarnos. Lamentablemente, necesitamos de este lenguaje para poder comunicarnos en este “plano”. Y digo lamentablemente, porque el lenguaje depende directamente de nuestra razón, y todos nosotros sabemos bien que con la sola razón no podríamos llegar muy lejos en este aprendizaje esotérico… Ojo, no digo que tendríamos que volvernos irracionales para poder desarrollarnos espiritualmente, sino que debemos ir más allá de la razón.

¿Pero cómo podemos ir más allá de la razón? En este estado caído y posterior a la Torre de Babel en que nos encontramos actualmente, en que no sólo estamos dispersos los unos respecto a los otros, sino también dispersos en nuestras individualidades ¿cómo hacer para trascender la razón? Por nuestras propias fuerzas no podríamos hacerlo, porque esto se parecería a alguien que se está ahogando y que puede salvarse a sí mismo con solo quererlo, cuando es evidente que apenas le quedan fuerzas para mantenerse a flote.

La única forma de que este hombre que está ahogándose, inmerso en el mar de la ignorancia, en este mar de los “caídos”, pueda salvarse, es que alguien que ya esté fuera de este mar, en un bote, o barco, etc. le tire una soga, o lo tome de la mano y lo ayude. Dejando esta imagen tan imperfecta, pero que me pareció apropiada para ilustrar el estado desesperado en el que actualmente nos encontramos, y volviendo a aquello de trascender la razón, quien puede ayudarnos a trascenderla son solamente aquellos hermanos que ya la trascendieron, que ya están “más allá”… Ojo, con esto no quiero decir ni me estoy refiriendo a aquellos seres que dejaron este “plano” físicamente. Sino a aquellos que, en su momento, recibieron la ayuda de otros que antes que ellos recibieron ayuda… y así hasta el “principio de los tiempos”, y que pudieron desarrollar sus posibilidades armónicamente.

Esta cadena áurea es la cadena iniciática. Y evidentemente esta cadena no se le ocurrió ni la comenzó alguno que tuvo buena voluntad (recordemos a aquél hombre ahogándose que quiso salvarse a sí mismo) sino que “vino de arriba” (en el buen sentido) es decir, le fue “dada”.

Entendámonos bien. Esta ayuda de los que ya llegaron a trascender este “plano”, es solamente el empujón inicial, es la “semilla” que cada uno tiene que cuidar y regar, la “influencia espiritual” que tenemos que saber dejar actuar para lograr, por medio de nuestro propio trabajo interior, la liberación de este estado caótico, caído o de ignorancia (como queramos llamarlo) en el que estamos inmersos. Pero este trabajo se realiza aquí y ahora, no en un “plano ideal”. Es muy real, es más, es lo más real de todo.

Las palabras son necesarias, pero necesarias como símbolo. No tomemos como fin último al símbolo, sino a aquello que es simbolizado por él.