Muleta

Verdaderamente es aterrador ese zarandeo que sufre nuestra individualidad cuando se produce o se está produciendo un cambio en el ser. Al menos es nuestra individualidad la que lo siente de esa manera. Mi individualidad, esta semana, está siendo sarandeada sin piedad… se siente como si hubiese sido lanzada al aire desde un cohete, o como si le hubiesen quitado todas las muletas sobre las que se apoyaba.


¿Qué nos queda cuando nos quitan todo en lo que creíamos? Creemos morirnos, sentimos compasión por nosotros mismos, pobres cositas desamparadas, trapitos colgando, bolsitas de supermercado flamenando en un alambre de la vía. Y así por el estilo. Pero de pronto, cuando dejamos de escuchar el lamento de esa “loca de la casa”, algo que no es la individualidad, aparece. Algo que no necesita apoyarse en nada, algo que no cree en nada porque no necesita creer en nada. La individualidad dice: “Me quitaron todo lo que podía llamar mío. Me despojaron de mis joyas más preciadas, las han hecho desaparecer. Estoy desnuda y humillada”. Y eso se parece a una muerte. Y para la individualidad es una muerte.

Pero esta muerte no difiere de la muerte física. Es una muerte de algo que no era auténtico (las creencias) y se vislumbra desde ahora otra luz. Otra manera. Y sabemos que lo de antes jamás volverá. Jamás.

Y ahí es cuando nos damos cuenta de que el ser es otra cosa que la individualidad… es algo más grande y más profundo. ¿Comparado con algo del mundo sensible? Yo diría que es como un rayo de Sol.

Anuncios