El Simbolismo

Mircea A. Tamas

Hace ya algún tiempo, en una hermosa y fresca mañana, yo estaba paseando en bicicleta por un parque, cerca de mi casa. Iba pensando en todo y en nada. Repentinamente, como un rayo, una imagen vino a mi mente y me hizo paralizar; comprendí, en ese mismo instante, el significado secreto de mi inocente ejercicio físico: era una paráfrasis moderna del símbolo tradicional del Carro de Luz.[1] La bicicleta, vehículo moderno, profano, estaba revelando un significado nuevo, profundo, sagrado: la rueda delantera se convirtió en símbolo del Cielo, la rueda trasera el símbolo de la Tierra y el tubo horizontal era el Axis Mundi. Montar en bicicleta se convirtió en un viaje espiritual a través del eje del universo. Nació entonces, desde la inteligencia de mi corazón, una pregunta realmente desafiante: ¿es posible que haya un núcleo sagrado oculto en nuestra moderna existencia occidental?

La principal diferencia entre nuestra moderna civilización y las tradicionales es que ahora jugamos a ser dioses, imponiendo nuestros deseos individuales, ideas y originalidades, sin percatarnos de que, de hecho, somos títeres, y Dios, el Principio supremo, el Maestro titiritero. El mundo moderno ha cortado sus lazos con el Principio; al contrario, Dios estaba próximo a los miembros de las civilizaciones tradicionales, y ellos sabían que la individualidad era nada comparada con el Uno y único, siendo aquélla solamente una marioneta pendiendo de un cordel. En la sociedad tradicional, la vida entera era un reflejo de Dios. Los mitos eran reales, las creencias eran certezas, y sus ritos no eran supersticiones, sino instrumentos espirituales. En una sociedad tradicional, cada gesto, cada actividad era sagrada, imitando lo que los dioses hicieron in illo tempore, al comienzo del mundo.[2] Comer, trabajar, cazar, bailar, cantar, jugar, todo representaba un rito sagrado, una actividad organizada (en sánscrito, rita: “orden”), siguiendo un modelo divino y teniendo un significado espiritual. El hombre perteneciente a la tradición sabía que, al nacer, era bendecido con un saber sagrado, la Tradición descendida del Cielo. Para el hombre moderno este descenso es sólo otra leyenda.

Nuestra sociedad moderna es terriblemente “humana” e ipso facto, profana; la mayor parte del karma (en sánscrito = “acción ritual”) tradicional se convirtió en espectáculo y entretenimiento, mientras que la médula sagrada se ha olvidado.[3] ¿Es posible, entonces, sin errar, transponer el significado (“mostrar mediante signos”) simbólico y sagrado a nuestro mundo presente, cargar una bicicleta con signos míticos? La respuesta es definitivamente afirmativa por una muy profunda razón: la médula sagrada y oculta del Mundo es la proyección del Principio supremo, el Uno sin segundo, quien desea jugar y crea la Existencia universal como diversión, a su propia imagen.[4] Las chispas espirituales, sagradas, provenientes del eterno Fuego divino (el hindú Agni como Atma, el cabalístico Ein-Sof como llama oscura) para sostener y dar vida al Cosmos, siempre estarán allí. Sólo parece que están perdidas porque la mentalidad humana ha cambiado y se ha apartado del conocimiento tradicional de los principios celestes.[5] No importa si el hombre moderno y profano tacha a la herencia sagrada de las sociedades tradicionales de supersticiones, mitos o leyendas. El núcleo espiritual, inviolable e inmutable, está vivo. Sólo podemos verlo con el Ojo del Corazón.

Hay todavía otra pregunta a responder: ¿Es posible que cualquier clase de objeto (como una bicicleta) sea considerado una expresión del arquetipo divino, o es sólo la imaginación humana la que nos está jugando malas pasadas? Para responder, presentaremos el concepto metafísico de ekapâda. Ekapâda significa “unípede”, “que se para en un solo pie” en sánscrito y representa al Axis Mundi como Rayo celeste (o como “séptimo Rayo”) del Sol espiritual. Antes de manifestarse, el Principio supremo (en hindú Brahma nirguna, Brahma sin calificaciones ni atributos) es un Dragón sin ojos ni pies, un “agujero negro”, una tortuga metida en su caparazón, el pavo real con su cola plegada. Al producir la manifestación universal (la Existencia total), el Principio abre sus ojos y forma un pie, el eje del universo, y con este pie salta (como Vishnú) tres pasos, manifestando los “Tres Mundos” (corpóreo, sutil y angélico). El Axis Mundi – el Rayo solar, el pie único – produciendo la Existencia, se multiplica a sí mismo en “mil pies” (sahashrapâda, en sánscrito),[6] esto es, una multiplicidad de rayos solares, reflejando un Rayo único. Ekapâda, como Brahma, es neutro. Ekapâda es padre y madre, hijo e hija, amigo y enemigo, dragón y héroe, hermano y hermana, esposo y esposa, vivo y muerto, uno y múltiple. Por eso es que los “pies”, las cosas existentes en el Cosmos, son explicaciones de ekapâda y asistentes simbólicos en la búsqueda de la Verdad suprema. Un árbol, una bicicleta, un caballo o una copa, son todas proyecciones del único pie y, por tanto, representan ayudas operativas durante la tarea espiritual.

Entre ekapâda y sahashrapâda hay un intermediario, arquetipo de la multiplicidad, llamado el “bípedo” (dwapâda), siendo el Mundo, por definición, el campo de acción de la dualidad (en el Cosmos, todas las parejas coexisten: bueno-malo, calor-frío, etc.) La dualidad primordial representa los dos principios fundamentales llamados Cielo y Tierra y está simbolizada por las dos ruedas de la bicicleta, principios que son realmente Uno sin segundo, y dos sólo desde el punto de vista del mundo. Pero los “dos pies”, expresarían, desde el punto de vista espiritual, el “alma” inmortal y mortal, médula sagrada y la piel profana. Por eso, en algunos ritos de iniciación el neófito tiene un pie descalzo (el eje del universo, la verdad desnuda) y el otro calzado (el mundo). La famosa pintura de Tiziano, “Amor sagrado (la mujer desnuda) y amor profano (la mujer vestida)”, ilustra perfectamente este sentido.

Vemos la belleza de la ciencia de los símbolos: nos brinda “miles de pies”, o mejor, “miles de ojos”, una multitud de puntos de vista, todos válidos, como el indefinido número de rayos solares; por esta razón, las doctrinas hindúes son llamadas darshanas – “puntos de vista”. La cábala, la tradición hebrea, selecciona tres como significados fundamentales para cualquier simbolismo: el Cosmos, el Año el Hombre (Sepher Yetsirah III.2), que pueden ser encontrados en cualquier doctrina ortodoxa de cualquier sociedad tradicional. Además, cualquier rito posee en su núcleo este triple significado, y es un buen ejercicio volver al simbolismo de la bicicleta. Primero, desde un punto de vista cosmológico, la bicicleta es el Cosmos entero, la manifestación universal, los dos polos, Cielo y Tierra, y el eje representando los principios sustentador y desarrollador del Mundo; también, la rueda misma es una imagen del Cosmos, siendo el cubo el Principio, y la llanta el Mundo, creado y mantenido por transferencia desde el Uno (el centro) a los muchos (los rayos). Segundo, la rotación de las ruedas simula el movimiento del Cosmos, el desarrollo circular de los mundos comenzando desde el Principio inmutable. Esta rotación es también un emblema del Año o Tiempo, porque la producción del Universo obedece la ley de los ciclos cósmicos (esto es por qué luego de la noche llega el día, y de nuevo la noche, siendo la Existencia total gobernada por ciclos). Tercero, la bicicleta es un vehículo del Hombre, siendo el conductor el “alma” inmortal de cada ser humano. Conducir la bicicleta significa una iniciación divina, un viaje espiritual desde la Tierra al Cielo, la redención, y la liberación (moksa, en sánscrito).[7]

Otro hecho importante es que el símbolo es universal, y por lo tanto no es afectado por particularidades como la ubicación geográfica, la nacionalidad, la religión o la cultura. Por ejemplo, meditar frente al árbol de navidad o frente a una estatua de Ghanesa de pie no tiene ninguna diferencia. El árbol de navidad es, en la tradición cristiana, un símbolo del Axis Mundi. Todos los adornos, que cuelgan de sus ramas, representan los multicolores elementos del Cosmos, comparable con los colores irradiados por la llame secreta del Ein-Sof (Zohar I.15a). Ghanesa de pie es usualmente “unípede”, siendo este pie el eje del universo, el Rayo único. Sus cuatro brazos, el tronco y el otro pie (levantado) son los rayos manifestados, los innumerables radios que producen el Universo; son las ramas del árbol navideño. La principal dificultad no es seleccionar el símbolo, sino más bien nuestra habilidad para reconocerlo. Cuanto menos profana sea nuestra mentalidad, más profunda será nuestra comprensión de la Verdad absoluta. Por tanto, por elegir una bicicleta para alimentar nuestros esfuerzos espirituales, no será menos eficiente el efecto.

___________________________________________

[1] Ver René Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacreé, Gallimard, 1980, p. 267, y Ananda Coomaraswamy, Tradicional Art and Symbolism, Princeton Univ. Press, 1977, p. 380.

[2] Mircea Eliade, Le mythe de l’éternel retour, Gallimard, 1979, p. 34.

[3] La actividad física, tan apreciada en estos días, tiene también un origen sagrado. Ver Ghazi bin Muhammed, The Sacred Origin of Sports and Culture, Fons Vitae, 1998.

[4] “La actividad creadora de Brahma no es realizada por ninguna necesidad suya, sino simplemente por diversión, en el sentido común de la palabra” (Brahma Sutras II.1.32-3). Ver Coomaraswamy, Selected Papers: Metaphysics, Princeton Univ. Press, 1977, p. 150.

[5] Entendemos “tradición” y “tradicional” definidos como “lo que fue transmitido” desde el comienzo del Mundo, como una ininterrumpida cadena áurea anclada en el Principio supremo.

[6] Coom. Metaphysics, p. 391. Ver también Ananda K. Coomaraswamy, La doctrine du sacrifice, Dervy-Livres, 1978, p. 47.

[7] Debemos definir el sentido de la palabra “iniciación”, que ha sido empleada de muchas maneras. Iniciación, etimológicamente hablando, es un “comienzo” y una entrada a un nuevo dominio. Los estudiosos profanos utilizaron el término para cualquier tipo de campo. Debemos subrayar, sin embargo, que la iniciación se trata fundamentalmente de la realización espiritual y no de los ritos sociales. Para una sociedad tradicional, la iniciación representa una serie de ritos sagrados tendientes a la realización espiritual. El neófito, el Hombre, puede ser hombre o mujer; aquí Hombre debería ser entendido como el sánscrito mânava “ser mental”, imagen del hindú Manu, el “Señor del Mundo”.

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5 pensamientos en “El Simbolismo

  1. Pido perdón por la traducción hecha del inglés. Pero tuve que hacerla yo mismo, ya que no encontré en la web este texto traducido al español.

  2. No importa, el texto es muy lindo y muy lleno de espiritualidad. Es importante el reconocer los simbolos, así podremos llenarnos de ese significado… como es este caso
    Bessos

  3. El rescate del símbolo… el aprender o reaprender a ver con el tercer ojo, el de la intuición. El símbolo es único en la medida que nos acostumbramos a él… hemos perdido el don de la comunicación simbólica… estos pasos nos acercan!!

  4. El simbolo llena nuestras vidas aunque a veces no tengamos la claridad para reconocerlos. Sin ir a la historia y en una posición profana tenemos ejemplos: El dinero, las marcas comerciales, el objeto que llevas en tu cadena al cuello….tu sillon preferido. Unos simbolozan el poder, otros la seguridad y la fe, otros tu centro.Sin embargo es “la fé” en el símbolo lo que le da el poder; “su” cercanía con las necesidades emocionales y espirituales del hombre, la devoción; su universalidad la permanencia en el tiempo.Sin embargo creo que el ritual que acompaña el acercamiento al símbolo
    es fundamental ya que le brinda la solidez y lo sostiene para que no sea olvidado.

    pasen por mi casa…
    Saludos, Androcles

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