Conocimiento y realidad*

Mircea Tamas

No es novedad el hecho de que debemos aceptar a la realidad como compuesta de una jerarquía de niveles, lo que explica por qué el mundo no es simplemente ilusión, sino una realidad relativa. Una realidad relativa alude a la verdad metafísica que dice que un ser que pertenece a la manifestación universal no tiene por sí mismo una realidad absoluta, sino una realidad que es como una proyección de la Realidad principial. Sólo el Principio tiene realidad absoluta, lo que significa que el Principio es la Realidad. Incluso el dominio de la manifestación informal o, como lo ha llamado Coomaraswamy, el dominio angélico, que tiene una realidad más poderosa, aún es un dominio relativo. Con respecto a la realidad de nuestro mundo corpóreo, ésta es débil y está gobernada por un cambio continuo.

La verdad expresada arriba no es una invención humana, sino que pertenece a los principios fundamentales de cualquier doctrina tradicional genuina. Por lo tanto, podemos confiar en que aquellos involucrados en los estudios tradicionales la conocen muy bien. Desafortunadamente, los signos del Kali-yuga están presentes por doquier. Todos los días encontramos individuos que se ocultan bajo un falso “paraguas guenoniano”, promoviendo la más baja realidad, una infra-realidad, e intentando convencer a los lectores ingenuos que el momento para la metafísica y los conceptos intelectuales ha pasado, y que hoy es más importante ocuparse de la realidad más urgente.

No hay otra realidad urgente que la Realidad. Cualesquiera otras discusiones referidas a individuos, grupos, farándula, política, profecías, etc. no tienen urgencia ni consecuencia. Esas discusiones sólo tienen un objetivo: apartar a los crédulos de la meta real, esto es, del Conocimiento. Esas discusiones son un pasatiempo, una ilusión, un camino a la desolación; ellas intentan sugerir que hoy el Conocimiento, que Shankaracharya y René Guénon consideraron como la única vía espiritual absoluta, está obsoleto, y que la realidad consiste en otra cosa.

Sin embargo, el Conocimiento es la Realidad. No existe otro camino. Los individuos que parlotean acerca de las nuevas realidades y citan a Guénon sólo para aumentar la credibilidad de sus propios discursos son peligrosos y es mejor permanecer apartado de ellos. Y no debemos olvidar que la actualidad está diseñada especialmente por ellos, desde que Internet es la herramienta ideal, barata y fácil, una herramienta muy democrática, donde pueden parlotear durante todo el día. Es irónico porque Internet no tiene realidad corpórea y ellos intentan venderla como la única realidad.

Hacia cualquier lado que voltees, no hay otra salida. Puedes preguntar cuanto quieras, puedes discutir cuantos detalles quieras, puedes incluso leer cuantos artículos quieras, al final tendrás que emplear tus esfuerzos personales, envolverte en silencio y soledad, apuntando al Conocimiento. Y no hay camino rápido, ni atajo, ni progreso lineal. El único consuelo para los individuos de la nueva realidad es que probablemente no tengan cualificaciones para una realización espiritual y sólo les sea permitido continuar parloteando.

* Publicado en inglés en la revista en línea Oriens del 15 de abril de 2007. La traducción es mía.

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Puntos de vista: Ciencia Sagrada

Hoy quiero pegar aquí mis comentarios a un post de Mari, el cual ella ilustraba con el arcano XIII. Alguien, a ese post, había comentado y había preguntado si se podía rastrear a los dibujantes originales del Tarot, y ello generó una seguidilla de comentarios relacionados al tema, en los que participé exponiendo mi punto de vista. Allí, 1Gato quería saber qué podía ser el Tarot además de un instrumento de adivinación, agregando (muy atinadamente) que él no está a favor de lo “occultus”, pero que tampoco estaba en contra porque no se puede estar en contra de lo que no se conoce. Mi respuesta fue:

Yo tampoco estoy a favor del denominado ocultismo, ni me interesa esa forma de entender las cosas. Tal vez pueda parecer extraño que diga esto mientras por otro lado me intereso por el estudio del Tarot… Para aclarar un poco todo esto te comento cuál es mi punto de vista: todas las mancias que conocemos hoy (geo- , carto-, etc) y la forma en que nos llegaron, son degeneraciones de ciencias antiguas, ciencias exactas, pero que evidentemente difieren de las ciencias modernas, principalmente por el punto de vista que adoptan. Mientras las ciencias actuales toman como punto de partida las consecuencias de los fenómenos, las variaciones indefinidas, lo cambiante, especializándose cada más, analizando y desmenuzando, en una palabra, estudiando lo fenomenológico (el fenómeno), las ciencias antiguas partían de la Unidad y volvían a la Unidad, se interesaban por el origen de las cosas, su visión se esforzaba por ser unificadora, sintética, y si estudiaban los fenómenos no lo hacían por el fenómeno en sí, porque comprendían que los fenómenos no son importantes, sino que lo importante es aquello que no varía con el fenómeno. Esta ciencia antigua no separaba al hombre del universo, sino que lo consideraba no sólo parte de él, sino su reflejo. No eran autónomos, sino que estaban íntimamente interrelacionados. Con la llegada del racionalismo, se separó drásticamente al hombre del universo, y el hombre mismo perdió su unidad.

No quiero extenderme mucho más, así que abrevio. El hombre se mecanizó cada vez más gracias al desarrollo de la tecnología, es decir, de esta ciencia moderna aplicada al utilitarismo, y la consecuencia lógica fue la revolución industrial. El hombre pasó a ser un engranaje más en esta gran máquina del universo… ¿cómo se podía ver al hombre como dotado de vida, cuando se veía al mundo como un mecanismo de reloj? Si el hombre estaba dentro de este mecanismo, entonces no podía ser más que un insignificante componente del mismo. Como contrapartida de esta visión, surgieron movimientos “espiritualistas”, que abogaban por la vuelta al conocimiento del hombre… pero lo mezclaban con ideas políticas y con interpretaciones muy particulares de los filósofos de la antiguedad… surgió el amor a lo exótico, creándose escuelas espiritualistas inspiradas en las tradiciones orientales… se mezclaron los últimos avances de la tecnología con conceptos metafísicos de oriente, se reflotaron los restos de aquellas ciencias sagradas de la antigüedad sin tener en cuenta el verdadero fin de las mismas, naciendo los híbridos que conocemos hoy como mancias… Fue en este momento de la historia que nació el ocultismo, surgieron muchísimas escuelas ocultas…. etc. Con el cambio de la ciencia y las tecnologías, con los cambios sociales en el S. XX, este espiritualismo quedó como “demodé”, y entonces surgió la New Age, un movimiento de “haz lo que quieras, mientras te sientas bien”… y claro, todo el chanterío que conocemos hoy.

Yo no estoy a favor del ocultismo. Estoy a favor de aquella ciencia sagrada que buscaba la Unidad y no la uniformidad. Estudio los restos de estas ciencias porque me interesa conocer o por lo menos acercarme a su forma de ver el mundo y al hombre. Por eso no veo al Tarot como un fin en sí mismo, ni como un instrumento para leer la buenaventura o explorar el subconciente… sino como un camino. Porque estoy convencido por experiencia propia (que no hay otra manera de aprender si no es por experiencia, aunque esta palabra experiencia sugiere otras cosas, pero la uso porque en este momento no encuentro otra más adecuada) de que aquella Ciencia Sagrada está viva, y a la mano de aquellos que se acerquen a ella con corazón sincero.

No sé si esto responde a tus preguntas, espero que sí, si no, ¡que siga el debate! jeje

Prólogo a la Eternidad

Todo se ha escrito, todo se ha dicho, todo se ha hecho, oyó Dios que le decían y aún no había creado el mundo, todavía no había nada. También eso ya me lo han dicho, repuso quizá desde la vieja, hendida Nada. Y comenzó.

Una frase de música del pueblo me cantó una rumana y luego la he hallado diez veces en distintas obras y autores de los últimos cuatrocientos años. Es indudable que las cosas no comienzan; o no comienzan cuando se las inventa. O el mundo fue inventado antiguo.

Museo de la Novela de la Eterna
Macedonio Fernández

De la multiplicidad a la Unidad

A raíz de una discusión (o mejor dicho, de una conversación) llevada a cabo con mi amigo Marcos, se me ocurrió escribir este post.

La conversación giraba en torno a la cantidad cada vez mayor de “religiones” derivadas del cristianismo, que se apoyan cada vez más en las diferencias y no en las coincidencias, como entendimos que debería ser el caso para que esta multiplicidad de ramas de un mismo árbol no perdiera la esencia de lo que es el cristianismo, y pudiera conservar con todo derecho ese nombre.

Una de las explicaciones que encontramos a esta pluralidad cada vez mayor de “sectas” (en el sentido amplio del término) es que, al apoyarse las religiones en alto grado en la sentimentalidad, terminan siendo expresiones de individuos particulares, de acuerdo a su propio sentir y a su propia opinión de “cómo deberían ser las cosas”, olvidando de esta manera lo que está más allá de la individualidad y que corresponde a la verdadera espiritualidad, que aspira a la unidad, o sea, todo lo contrario a esta fragmentación de la que venimos hablando.

En base a estas conclusiones se me ocurre que el fanatismo religioso también tiene su origen en esta “sentimentalidad” cada vez más preponderante hoy en la religión. Antes que nada, quisiera aclarar que coincido con Guénon en que la forma religiosa es propia del occidente, consistiendo esta forma en la unión de tres elementos: un dogma, una moral y un culto. De éstos, el primero corresponde a la parte intelectual de la religión, el segundo a la parte social, y el tercero a la parte ritual. Si faltara uno de estos elementos, entonces no podría hablarse propiamente de religión. Pero lo que importa destacar es lo que explica Guénon respecto a la parte dogmática de la religión:

“El nombre de dogma se aplica propiamente a una doctrina religiosa; sin buscar más por el momento cuáles son las características especiales de una tal doctrina, podemos decir que, aunque evidentemente intelectual en lo que tiene de más profundo, no obstante no es de orden puramente intelectual; y por lo demás, si lo fuera, sería metafísica y no ya religiosa. Así pues, es menester que esta doctrina, para tomar la forma particular que conviene a su punto de vista, sufra la influencia de elementos extraintelectuales, que son, en su mayor parte, del orden sentimental; la palabra misma «creencias», que sirve comúnmente para designar las concepciones religiosas, marca bien este carácter, ya que es una precisión psicológica elemental que la creencia, entendida en su acepción más precisa, y en tanto que se opone a la certeza que es completamente intelectual, es un fenómeno donde la sentimentalidad juega un papel esencial, una suerte de inclinación o de simpatía hacia una idea, lo que, por lo demás, supone necesariamente que esta idea misma es concebida con un matiz sentimental más o menos pronunciado.”

INTRODUCCIÓN GENERAL AL ESTUDIO DE LAS DOCTRINAS HINDÚES*, Segunda Parte, cap. IV

Es decir que en la religión, el lugar que debería ocupar la parte de doctrina (aquí bajo la forma de dogma) está siendo desplazado cada vez más por la sentimentalidad, y por la sentimentalidad de individuos aislados, agrego yo.

Pero volviendo al tema del fanatismo religioso, interpreto que dicha actitud fanática es como una consecuencia de la exacerbación extrema de los sentimientos religiosos (y lo mismo, ampliando el panorama, en el caso de los sentimientos políticos, etc.) producida por esta irrupción de la sentimentalidad en la parte doctrinal. Podríamos también llegar a la conclusión de que un paliativo a esta situación sería volcarnos al extremo opuesto, es decir, a la postura científica-racional, que sería como un paño frío para la “fogosidad” de aquél fanatismo. Pero el mundo actual (o al menos la parte occidental del mismo) y cada individuo que forma parte de él ¿no se encuentran hoy como atascados entre estos dos polos, oscilando entre ellos, sin encontrar una verdadera salida? Además dudo de que la ciencia sea tan objetiva como se pretende, ya que muchas teorías que hoy se tienen por verdades absolutas, son sólo posibilidades tan válidas (o tan poco válidas) como cualquier otra, y que muchas veces son sólo el resultado de “sentimientos” padecidos por sus originadores. Por ejemplo, la llamada teoría de la evolución.

¿Cuál sería entonces la solución a este dilema? Yo no veo otra que la del conocimiento de la Unidad, esforzándonos por “ser” eso que conocemos. Y huyendo de aquellos que en lugar de integrar pretenden excluir, bajo el pretexto de que son los únicos dueños de la Verdad.

* Para profundizar en este tema remito a dicha obra, que es una introducción no sólo a las doctrinas hindúes sino, y más ampliamente, a la verdadera metafísica y a la diferencia fundamental que existe entre ésta y la religión. Se puede descargar gratuitamente de internet desde el siguiente vínculo.