Sobre el trabajo interior

Hoy se encuentra muy extendida, no sólo en los ambientes pseudo-espirituales, sino también en otras áreas, la idea de que el desarrollo espiritual no conlleva un trabajo interior, sino que con sólo “hacer lo que uno tenga ganas” es suficiente. Una consecuencia de esto es la aparición cada vez más frecuente de autodenominados “maestros espirituales”, personajes que no han tenido ellos mismos ningún maestro, o que lo han tenido sólo nominalmente, pero que, por un lado, no continúan ninguna transmisión iniciática (arrastrando consigo a muchos individuos desprevenidos); y por el otro, sus “enseñanzas” no son más que mezcolanzas de cosas oídas un poco aquí y un poco allá, sin ningún alcance efectivo de posibilidades de realización.

Tal vez no carece de interés ahondar en el origen de tales “sugestiones”, en las que mucho tienen que ver la psicología moderna, las nuevas religiones y la “New Age”. Pero aún así ¿conoceríamos qué fuerzas nefastas se esconden detrás de ellas?

Como sea, es evidente que estas influencias que sugieren que cada uno “haga lo que quiera y sea feliz” toman mucha más fuerza desde el momento en que los individuos carecen de la “intuición intelectual”(1) necesaria para ponerlos en guardia contra ellas, y aunque la posean, no tienen ni encuentran el medio que podría ayudarlos a desarrollarla. Al contrario: desde todos lados son bombardeados por influencias que les sugieren que lo espiritual se alcanza por medio de la exaltación de las emociones, de lo psíquico, de lo fenoménico, o simplemente que el ámbito espiritual es una mera fantasía.

El error de “hacer lo que uno quiera” reside en el hecho de que el individuo que actúa de esta manera se dispersa cada vez más en la “corriente de las formas”, llegando hasta los casos extremos de disgregación total, en el que el individuo queda psicológicamente “anulado” no sólo para cualquier desarrollo espiritual efectivo, sino también para cualquier acción en su “vida ordinaria”. La razón de esto se encuentra en que el hombre (sobre todo el occidental moderno) que no se sujeta a una disciplina espiritual está a merced de sus más bajas tendencias, que parten de sus instintos, de sus fantasías, de sus emociones del momento, siempre cambiantes, siempre diferentes. Creyendo que hace lo que quiere, en realidad está abriéndose a las influencias disgregadoras que buscan “anularlo”.

Todas las tradiciones hacen hincapié en que el hombre tal como se encuentra en el mundo es un ser inacabado, disperso, en bruto, y que para acceder a estados superiores, debe primero convertirse en un verdadero Hombre, esto es, tener pleno dominio de sí mismo y de sus facultades intelectuales. Esto lo logra no sólo por su propias fuerzas, que tal como está son nulas frente al poder disgregador, sino, y sobre todo, por la Influencia espiritual (2) con la que se pone en contacto al ingresar al camino iniciático, y la contención que le brinda dicho camino.

Es bastante extraño que no se comprenda que un desarrollo espiritual implica un trabajo sostenido, serio, constante. Resulta más extraño desde que cualquiera puede comprender que, por ejemplo, el estudio de una lengua extranjera lleva años de constante trabajo. Cuánto más el estudio de aquello que permite al hombre un cambio en su propio ser. Pero todo esto no hace más que subrayar cuán engañados se encuentran hoy los individuos por las influencias dañinas, hasta el punto de que en las “escuelas pseudo-iniciáticas” no se enseña casi ninguna doctrina (o si se la enseña, es una especie de pseudo-ciencia), sino que lo que mayormente se realizan son “meditaciones”, esto es, colocar al individuo bajo un estado receptivo, con la excusa de relajarlo para que encuentre “su ser interior”, cuando lo que en realidad se busca es influenciarlo más fácilmente. La trampa está, justamente, en que el individuo no conoce ninguna organización verdaderamente iniciática con la que poder comparar, porque si así fuera (como sucede en las sociedades realmente tradicionales) se daría cuenta de inmediato que en aquellas no existe ninguna doctrina verdadera (ni fragmentos de ella… ni hablar de una doctrina metafísica, es decir, universal) a la cual se accede únicamente gracias a la “intuición intelectual”, necesaria para la comprensión teórica, no meramente racional, y que es la primera etapa, para luego completar, dentro de las posibilidades de cada quien, la realización espiritual, única razón de ser de todo verdadero trabajo iniciático.

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1 – Escribe Guénon en La Metafísica Oriental: “Hay una intuición intelectual y una intuición sensible; una está más allá de la razón, pero la otra está más acá de ella; esta última no puede aprehender más que el mundo del cambio y del devenir, es decir, la naturaleza, o más bien una ínfima parte de la naturaleza. El dominio de la intuición intelectual, al contrario, es el dominio de los principios eternos e inmutables, es el dominio metafísico.” También aclaraba al respecto en Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes: “[…] la facultad de que hablamos aquí es la intuición intelectual, cuya existencia niega la filosofía moderna porque no la ha comprendido, a menos que haya preferido ignorarla pura y simplemente; también podemos designarla como el intelecto puro, siguiendo en eso el ejemplo de Aristóteles y de sus continuadores escolásticos, para quienes el intelecto, es, en efecto, lo que posee inmediatamente el conocimiento de los principios. Aristóteles declara expresamente [Últimas Analíticas, Libro II] que «el intelecto es más verdadero que la ciencia», es decir, en suma, que la razón construye la ciencia, pero que «nada es más verdadero que el intelecto», ya que es necesariamente infalible por eso mismo de que su operación es inmediata, y, al no ser realmente distinto de su objeto, no es más que uno con la verdad misma.”

2 – Al respecto, no estaría de más recordar lo que resumía Guénon al final del capítulo IV de Apreciaciones sobre la Iniciación: “[…] la iniciación implica tres condiciones que se presentan en modo sucesivo, y que se podrían hacer corresponder respectivamente a los tres términos de «potencialidad», de «virtualidad» y de «actualidad»: 1º, la «cualificación», constituida por algunas posibilidades inherentes a la naturaleza propia del individuo, y que son la materia prima sobre la cual deberá efectuarse el trabajo iniciático; 2º, la transmisión, mediante la vinculación a una organización tradicional, de una influencia espiritual que da al ser la «iluminación» que le permitirá ordenar y desarrollar esas posibilidades que lleva en él; 3º, el trabajo interior por el que, con el concurso de «ayudas» o de «soportes» exteriores, si hay lugar a ello, y sobre todo en las primeras etapas, este desarrollo será realizado gradualmente, haciendo pasar al ser, de escalón en escalón, a través de los diferentes grados de la jerarquía iniciática, para conducirle a la meta final de la «Liberación» o de la «Identidad Suprema».”

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7 pensamientos en “Sobre el trabajo interior

  1. Muy interesante,Mahatma. Parece ser que en todos los aspectos, el hombre posmoderno es como un niño de tres años, incapáz de contener sus deseos de inmediatéz y de dar valor al esfuerzo, la constancia, el trabajo…como esas señoras que se anotan en el gimnasio en septiembre para llegar “en forma” al verano…
    Creo que en el plano intelectual y el espiritual pasa algo parecido al ejemplo que escribí más arriba, jeje.
    Besos!

  2. Me gustó un montón, este post, porque en cierto modo refleja lo que me va pasando, sé que no he completado mi evolución espiritual, he progresado en otro aspecto, pero cada vez que logro algo que me propongo “subo un escalón hacia mis objetivos propuestos”. será como dice un amigo del trabajo, y que es cierto que aún me falta mucho que curtir. Cuando el discipulo supere el maestro será el momento

  3. Luz: así es en efecto. Linda observación! Otra de las cosas que representa muy bien la mentalidad actual es la del trabajo por el trabajo mismo, quiero decir, la acción por la acción misma. El post tal vez no aclara que el “trabajo” interior no tiene nada que ver con algún tipo de “acción”, sino más bien con el “Conocimiento”.

    Besos!

    Bibliotecariasensual: Gracias por tu comentario! Qué bueno que te haya gustado el post. Particularmente prefiero no usar la palabra “evolución”… y mucho menos si se aplica a “lo” espiritual… Prefiero la idea de “desarrollo”, como si se tratara de una semilla, porque sugiere que ya están allí, en potencia, todas las posibilidades de que es susceptible nuestro ser (posiblemente a esto se refería Platón cuando hablaba de la “reminiscencia”). En cambio la idea de evolución, de progreso ilimitado, sugiere que vamos llegando a estados que son ajenos a nosotros, externos en un eterno devenir… el devenir por el devenir mismo… Como si el “Todo” estuviera cambiando todo el tiempo y no fuera siempre igual a sí mismo.

    Te sugiero cambiar tu última oración por “cuando el discípulo ya no necesite del maestro será el momento…”

    Besotes!

    M.

  4. Excelente post.
    Sobre los pretendidos “maestros espirituales” la situación se torna bastante grave, puesto que en algunos casos se ocultan intenciones realmente perversas y en otros no se toma verdadera conciencia del daño que están provocando. Conozco a ciertos “instructores” convencidos de que están haciendo lo mejor que pueden por el progreso espiritual de las personas, siendo capaces de vivir en condiciones precarias a fin de seguir transmitiendo el mensaje. Su intención es loable pero los efectos son dañinos, pudiendo incluso desviar del camino a aquellos individuos con auténticas aptitudes en su natualeza que cumplirían con las cualificaciones iniciáticas requeridas.
    No sólo se transmite el mensaje de “haz lo que quieras” sino que además está altamente difundida la idea de que “si deseas algo el universo conspira para que lo consigas”, lo cual puede ser, hasta cierto punto efectivo, pero sólo a medias y los ingenuos se golpean una y otra vez contra las piedras de la frustración. Controlar los pensamientos es útil, pero sin Voluntad no se consigue absolutamente nada y la vía iniciática no es una excepción. La iniciación es esencialmente activa, a diferencia de la “Vía Mística”, donde se reciben influencias en forma pasiva sin alcanzar un desarrollo intuitivo que permita diferenciar los datos tradicionales de aquellos que sólo forman parte de la imaginación del místico.
    La erudición en cuestiones tradicionales tampoco puede compensar el trabajo interno. Las diferencias entre “cultura profana” y Conocimiento iniciático son evidentes. Sin este trabajo interno, las lecturas sólo serán “letra muerta”.
    Por último, estoy completamente de acuerdo en que la realización espiritual implica la necesidad de afiliación a una organización iniciática tradicional capaz de transmitir la influencia espiritual que servirá como soporte para la restauración del estado del hombre primordial.

    Un abrazo!

  5. Sahaquiel, muchas gracias por el valioso aporte. Son temas sobre los cuales nunca está de más volver, una y otra vez, porque siempre se descubren nuevas “tácticas” para desvirtuar las vías tradicionales.

    Abrazo!

    M.

  6. ¡Vaya! ayer escribí un post sobre falsas iluminaciones y resulta que estabais tratando un tema similar aquí hace un mes… ¡llegué tarde! 😉
    No termino de estar de acuerdo con lo que dice Sahaquiel de que “la realización espiritual implica la necesidad de afiliación a una organización iniciática tradicional”. Es cierto que no existe otro modelo mejor para transmitir la verdadera “influencia espiritual”. Lo que ocurre es que tengo alergia a las palabras “afiliación” y “organización”. Son cosas de Filousia. Si estoy conforme con el resto del artículo.
    Un saludo 🙂

  7. Filousia, este es un tema recurrente en los que nos interesamos en “estos temas”. Respecto a lo que dice Sahaquiel, estoy de acuerdo en que el hombre por sí mismo está bastante limitado, por lo que necesita un apoyo hasta que pueda caminar por sí solo… Sin embargo, entiendo perfectamente que te den alergia esas palabritas, sobre todo debido a cómo es el estado de las “organizaciones” actuales… Pero tampoco hay que olvidar que la mayoría de las tradiciones enseñan que una primera “prueba” a superar es la discriminación que permita encontrar un guía…

    Gracias por pasar y dejar tu opinión!

    M.

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