El código Leonardo

Llama la atención que casi diariamente uno se entere por los medios de una nueva interpretación de la obra de Leonardo da Vinci. Este boom no nació con la publicación de El código Da Vinci de Dan Brown, ni con El enigma sagrado de Michael Baigent, pero debemos reconocer que fue gracias a estos libros que muchas personas se interesaron por la obra del artista del renacimiento.

Además de La Gioconda, la obra que más se popularizó y que es centro de las teorías más descabelladas es La Última Cena. ¿Qué quiso transmitirnos Leonardo en esta pintura? ¿Guarda un mensaje cifrado, secreto, como muchos creen? ¿Aparece María Magdalena en esta pintura? ¿Es verdad que aparece el mismo Leonardo y otros personajes de la época retratados en esta obra? No voy a entrar en detalles ni responder estas cuestiones. Hay mucha bibliografía al respecto, inclusive para descargar gratuitamente desde internet.

La semana pasada los medios nos informaron acerca de otra teoría relacionada con El Cenacolo: esta vez, se trata del libro La Musica Celata (La música escondida) del músico Giovanni Maria Pala, quien explica que Leonardo escondió en su pintura una partitura musical. Las notas musicales serían los panes que figuran sobre la mesa y en las manos de los apóstoles, y el pentagrama debería dibujarse encima de ellos y atravesando horizontalmente toda la pintura. Cuando Pala ejecutó esta melodía oculta, el resultado no tuvo mucho sentido. Entonces, recordando que a Leonardo le gustaba escribir de derecha a izquierda, la ejecutó comenzando por el final, y el resultado fue una especie de réquiem, motivo muy apropiado, según Pala, para la víspera de la muerte de Cristo. Un amigo músico al que le comenté el hecho, me hizo notar que faltaría la clave (de sol, de fa) para saber cuál nota es cuál, y además una indicación del tempo, etc… pero que habría que leer el libro completo para poder dar una opinión. Más allá de eso, la frase que dijo el director del museo Da Vinci de Toscana al respecto me hizo reflexionar: “Donde hay proporciones armónicas, se puede encontrar música”.

Y esto nos lleva directamente al tema que quiero tratar: la obra maestra. ¿No es acaso la obra maestra la única susceptible de interpretaciones indefinidas, lo mismo que el universo, ya que al ser aquélla un reflejo de éste, es un “mundo en pequeño”?

Existe también correspondencia entre la armonía del cosmos y la armonía musical, como indica aquello de “la música de las esferas” según los pitagóricos. Los alquimistas ¿no llamaban “arte de música” a su ciencia? ¿Y no la llamaban también “Gran Obra” (que es lo mismo que Obra Maestra)?

Pero ¿qué es una obra maestra?

Desde un punto de vista “vertical”, que es el que nos interesa, la obra maestra en cualquier arte u oficio es aquella expresión consumada de las posibilidades de un ser respecto de ese arte, entendiendo al arte como soporte y como la parte “visible” del desarrollo total del ser.

De allí que muchas tradiciones tomen a los oficios como soportes para la iniciación y la posterior realización espiritual. Explica René Guénon(1):

Si el oficio es algo del hombre mismo y, de alguna manera, una manifestación o una expansión de su propia naturaleza, es fácil comprender que pudiese, como decíamos en todo momento, servir de base para una iniciación, e incluso que sea, en la generalidad de los casos, lo más idóneo que exista para este fin. En efecto, si la iniciación tiene esencialmente el objetivo de superar las posibilidades del individuo humano, no es menos cierto que como punto de partida sólo puede tomar a este individuo tal como es; de ahí la diversidad de las vías iniciáticas, en decir, en suma, de los medios utilizados como “soportes”, de acuerdo con las diferencias de las naturalezas individuales; interviniendo estas diferencias tanto menos cuanto que el ser avance más en su camino. Los medios así empleados sólo pueden tener eficacia si corresponden a la naturaleza misma de los seres a los cuales se aplican; y, como es preciso necesariamente proceder desde lo más a lo menos accesible, desde lo exterior a lo interior, es normal adquirirlos de la actividad por medio de la cual esta naturaleza se manifiesta exteriormente. Pero es obvio que esta actividad sólo puede desempeñar semejante papel cuando traduce realmente la naturaleza interior.

Y más adelante:

El ser, habiendo realizado plenamente las posibilidades de las cuales su actividad profesional es sólo una expresión exterior, y poseyendo así el conocimiento efectivo de lo que es el principio mismo de esta actividad, cumplirá desde entonces conscientemente lo que al comienzo sólo era una consecuencia muy “instintiva” de su naturaleza; y así, si el conocimiento iniciático es, para él, nacido del oficio, éste último, a su vez, se convertirá en el campo de aplicación de ese conocimiento del cual ya no podrá ser separado. Habrá entonces una correspondencia perfecta entre lo interior y lo exterior, y la obra producida podrá ser, ya no solamente la expresión en un grado cualquiera y de forma más o menos superficial, sino la expresión realmente adecuada de quien la habrá concebido y ejecutado, lo cual constituiría la “obra maestra” en el verdadero sentido de esta palabra.(2)

Se ve entonces la estrecha relación que tiene la iniciación con los oficios en las sociedades tradicionales (por ejemplo en la Europa de la Edad Media hasta bien entrado el Renacimiento, con sus gremios de constructores, sus artesanos, incluso existiría una iniciación femenina relacionada con la costura).

En el caso particular de Leonardo da Vinci podría hablarse no sólo de un arte, sino de varios, todos conjugados en una sola persona, artes que se interrelacionaban y que a pesar de la apariencia, tendían a la unidad. Se podrían aplicar a su caso las palabras de Paracelso(3):

El niño es todavía un ser múltiple, y según lo que despiertes en él adquirirá su forma. Si despiertas su capacidad para remendar zapatos, será zapatero remendón, si despiertas al cantero que hay en él será cantero, y si evocas al estudioso se convertirá en estudioso. Y eso puede ser así porque en él yacen todas las posibilidades; lo que despiertes en él brotará de él; lo demás se mantendrá hundido en el sueño sin ser despertado. ¡Hemos nacido para velar, no para dormir! Por eso, hombre, aprende, aprende, pregunta, pregunta, y no te avergüences de ello: porque de ese modo podrás hacerte un nombre que resuene en todos los países y nunca será olvidado.(4)

Cabría preguntarse… ¿la historia se ha olvidado del nombre de Leonardo da Vinci?

Podemos decir entonces que la Última Cena es efectivamente una obra maestra, una obra alquímica. Y lo que está oculto en ella sólo puede ser descubierto y contemplado por aquellos que hayan logrado, aunque sea hasta un cierto punto, una realización efectiva de sus posibilidades de desarrollo del ser. Algo similar a lo que sucede con el secreto iniciático, que es secreto no porque no se lo diga o se lo oculte, sino porque es algo totalmente inexpresable en palabras, y que sólo puede ser intuido, conocido y realizado por cada quien.

___________________________

1 – René Guénon, Misceláneas. (Se puede descargar el archivo word de esta obra gratuitamente desde aquí, que es de donde se extrajo la cita)

2 – Op. cit. Agrega Guénon: “Todo esto, como se ve, está muy lejos de la pretendida “inspiración” inconsciente, o subconsciente si se quiere, en la que los modernos quieren ver el sello del verdadero artista, considerándolo superior al artesano, según una distinción más que criticable que tienen la costumbre de hacer”

3 – Citado en el libro de Federico González y Mireia Valls, La cábala del Renacimiento. Nuevas Aperturas, Mtm, 2007.

4 – Es bueno recordar a este respecto aquello de “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Mateo 18.3, Marcos 10.15, Lucas 18.17. Además, véase el cap. 3 del evangelio de Juan.

Anuncios

7 pensamientos en “El código Leonardo

  1. Es otro de los motivos por los que cada vez es más difícil la iniciación y más banal la vida diaria. Los oficios desaparecen y se desprenden de la artesanía.
    Hace tiempo, una amiga que había vivido en Alemania y yo nos cruzamos con un hombre de extraña indumentaria que incluía un sombrero de ala muy ancha y un traje como de terciopelo negro. Ella me contó que se trataba de un aprendiz de un gremio de carpinteros y que vestir así era una condición de su aprendizaje. Hay algo bonito en eso, vivía en un mundo más sólido que el nuestro.
    Yo, desde hace ya más de quince años he trabajado esporádicamente en la construcción. Mi padre, y los albañiles de su generación eran todavía artesanos cuyo trabajo estaba rodeado de ceremonias. Eran cosas sutiles, pero características, tenían algo de eterno y permanente. Había un orgullo en lo que hacían, un oficio. Ahora casi todos los trabajos son vacíos de significado, poca gente tiene un oficio de verdad.
    No quiero ser catastrofista con respecto a la época. Cada momento tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Supongo que buscar el significado y el arte en nuestra vida diaria es nuestra obligación. Quizá deberíamos hacer nuestros propios gremios y empezar de nuevo, llenar de significado lo que hacemos y reconquistar cada parcela de nuestra vida.

  2. Yo también lamento la pérdida de esa “ritualización” de los oficios, que de algún modo daba profundidad y verticalidad (aunque puedan parecer triviales al observados poco avezado) al desarrollo de una labor. Pero como parece que son consustanciales al hombre, éste invoca a la Divinidad con rituales inventados, paródicos si se quiere, cuando los tradicionales se han perdido. No entraré en el espinoso tema de si son o no efectivos ni en qué medida, pero sí me parece digno de mención el hecho de que esa tendencia parece estar dentro de todos nosotros, hasta el punto de que su falta acaba desembocando, sobre todo en algunas personalidades, en neurosis, que son en mi opinión la cara B de esa necesidad ahora negada. Saludos, amigos.

  3. Así lo creo yo también. La visión que se tiene ahora prospera haciendo que valoremos por encima de todo lo que carece de importancia y acallando cualquier búsqueda fundamental del ser humano. Y cuando la gente se angustia al no encontrar salida a su pulsión interior, se la trata con antidepresivos o acaba leyendo libros de autoayuda.
    Pero bueno, por fortuna no siempre es así y las puertas hacia nuestra propia profundidad siempre estarán ahí.
    Saludos.

  4. Que el oficio o trabajo externo sea el reflejo del intelectual-espiritual o interno es lo que da sentido al oficio y a la obra de arte. Así es para un punto de vista tradicional, y me añado a Pola para decir que la posibilidad de que se abran las puertas de la percepción o como dice Mahatma obtener esa mirada vertical sobre las cosas, aunque puede ser tarea difícil de llevar a cabo hoy en día, no es imposible, y ya sabemos que “lo posible y lo real son metafísicamente idéntico”.

    Un saludo a todos. Cada vez está más interesante este lugar. Por cierto, ¿alguien sabe de Sahaquiel?
    N.

  5. Querido Kiko: en efecto, la iniciación se hace cada vez más rara, menos accesible, y la forma de acercarse a ella, al menos en el mundo occidental de hoy, es sólo a través de los oficios, los que, es más que evidente, tienden a desaparecer.

    Qué gráfica la anécdota que cuentas! Mi padre es ebanista, por tradición (mi abuelo también lo era), pero salvo por algunas frases, el modo de usar las herramientas y el de trabajar, diría que es un arte en extinción.

    Respecto a tu propuesta… sería interesante, pero ¿quién estaría a la altura espiritual como para hacerlo? Es un tema arduo.

    Abrazo!

    Aspirante a domador: Como siempre, muy agudas tus observaciones. Es verdad, todas las parodias pseudo iniciáticas demuestran que la necesidad del rito es algo connatural al hombre… Un fuerte abrazo.

    Pola! Gracias por pasar! Y gracias por recordarnos que SIEMPRE tenemos la posibilidad de conocernos!

    Núria: Muchísimas gracias por el apoyo. Respecto a Sahaquiel, hace tiempo que no tengo noticias suyas, entiendo que por estas fechas estará rindiendo exámenes…
    Esperemos tener pronto buenas noticias!

    Gracias a todos por acompañarme!

  6. Muy buen post! como siempre. El maestro Leonardo, en realidad en el se recrea todas las artes, era un hombre que quería saber y sabia de todo un poco. Es bueno saber un poco de todo, uno nunca sabe lo que la vida te depara.
    Besos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s