Demoler para construir

A continuación trascribo la traducción de un artículo de la Revista Oriens. El original, en inglés, fue publicado en el número de noviembre de 2005.

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Demolición

por Athos

René Guénon explicó que, en el final de los tiempos, existirán dos fases, una relacionada a la solidificación del mundo, la otra relacionada con su disolución. Esta fase final de disolución implica también la demolición.

Desde un punto de vista iniciático, el neófito emprenderá algunas etapas concernientes a la purificación de su ser, lo que significa la demolición de su ego, creando una tabula rasa en su corazón, una materia prima lista a recibir el Rayo iluminador, la vibración primordial de un Fiat Lux microcósmico. En este caso, la demolición es lo que el Maestro Eckhart llama la limpieza del templo, es decir, la demolición de los demonios dentro del alma. Pero la demolición no es una acción aislada, no es la meta, la demolición es siempre acompañada de una construcción. Es a lo que se refería Cristo cuando hablaba de la demolición del Templo y su reconstrucción en tres días.

La demolición en sí misma pertenece a las fuerzas infernales. Siendo el preludio para la construcción, no importa si las fuerzas infernales son usadas para realizar la demolición: ellas forman parte de un plan divino, y son utilizadas, sin que ellas lo adviertan, para propósitos más elevados.

Por esta razón, cuando el diluvio vino a demoler a la humanidad degenerada, Dios guió a Noé a construir el Arca, porque Dios con su Misericordia es, como dirían los masones, el Gran Arquitecto del Universo, y no el Demoledor. Es por esto que Shiva es de hecho el transformador, y no el destructor.

E incluso hoy, cuando la demolición está en todo su derecho de hacerse presente, debemos encontrar la parte constructiva. Guénon, cuando demolió el Ocultismo, contruyó para el Occidente la mentalidad tradicional: nunca demolió sin construir.

Cuando sólo vemos demolición debemos ser muy cautos, ya que a menudo, como dijimos recién, el plan divino utiliza a las fuerzas infernales para realizar la demolición; si no hay Arca, si no hay construcción, podría significar que estas fuerzas tamásicas se han desatado, como las serpientes de Medusa, y estén siendo utilizadas por el Adversario por razones tenebrosas.

No importa si se trata de hinchas enloquecidos que, después de un partido de fútbol, demuelen y destruyen autos o cualquier otra cosa, o si se trata de fanáticos que destruyen edificios o templos, o si se trata de eruditos, escritores o gurúes de la Internet que, llevados por un dudoso entusiasmo, demuelen a otros autores sin construir nada a cambio. Incluso si la demolición tiene, a veces, justificación, las fuerzas detrás de ella pertenecen, la mayoría de las veces, al polo inferior. Estas fuerzas se traicionan a sí mismas al demoler sin construir, trayendo la destrucción sin la salvación. Esto es lo que sucedió con la Orden del Temple. Cuando el rey de Francia demolió la Orden no construyó nada en su lugar, ya que él era una herramienta de la contra-iniciación.

La demolición es un acto muy peligroso, y los elementos que se encuentran involucrados en ella, exclusivamente, están jugando para el bando del diablo.

 

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13 pensamientos en “Demoler para construir

  1. Muy interesante Mahatma, gracias por la traducción.
    En estos temas ando yo pensando (y por supuesto no sólo yo, es precioso ver como andamos todos de sincronizados), tratando de ordenar las ideas para escribir una serie de entradas sobre el tema (hasta me he comprado nuevos cuadernos y varios lápices para ponerme en serio de una vez!!!).
    Espero salir pronto del bloqueo. El artículo que has publicado me inspira…

    Perdona si no te dejo aquí y ahora ninguna reflexión. Sólo decir que me encanta que se trate la disolución no sólo como una fuerza irreversiblemente desintegradora.

    Un beso.

  2. Pola, no me canso de agradecerte tu participación constante! con el sólo hecho de que pases y dejes tu huella es suficiente! 🙂

    En tu comentario tocas un tema que está dándome vueltas por estos días: el de la escritura a mano… Escribir en el ordenador (“en la compu”, para los argentinos) es muy práctico, muy veloz, muy “limpio” (no se tienen que estar tirando a la basura papeles borradores, sin hablar de la ecología y el ahorro) pero se pierde todo lo que el trazo de la punta de un lápiz o cualquier otro instrumento de escritura sobre la superficie del papel simboliza. Lo mismo me sucede cuando leo un fragmento interesante de algún libro, y que quiero transcribir: lo primero que se me ocurre es pasarlo por el escáner y el ocr, pero luego me doy cuenta de que copiándolo a un anotador o cuaderno, a mano, me sirve para repasarlo, meditándolo mientras lo copio, dándome el tiempo para digerirlo un poco más y para descubrir cosas que antes no había advertido. ¡Llámenme anacrónico, “retro” o como quieran, pero cuántas cosas nos perdemos por ser más veloces!

    Otro beso para tí!

    M.

  3. Yo tampoco voy a dejar en estos momentos una reflexión sobre el post que acabas de poner, pues estas cosas requieren un tiempo de meditación, si es que uno quiere aportar algo. Sin embargo estoy tan de acuerdo con lo de la escritura a mano que no he querido dejarlo pasar. Yo no puedo leer casi nada si no es con un cuaderno donde anoto e intento retener las ideas. O sea, lo necesito para comprender, de ese modo es que pesco algo, por ejemplo de Guénon que no es nada fácil.

    La propia meditación en un texto y la glosa que a veces surge de la propia experiencia cognoscitiva, es un método que, en ocasiones, ayuda a salir de los constantes empantanamientos en los que caemos, por lo menos es una manera de preparar la salida.

    Os mando un abrazo y os doy las gracias sinceras por dejar aquí vuestro trabajo y vuestros pensamientos.
    N.

  4. Parece que estamos todos en similares condiciones. Me encantó el texto, toca un tema muy interesante sobre el que vengo dando algunas vueltas, pero no estoy en condiciones de aportar demasiado.
    Con respecto a la escritura a mano, puedo hacer una pequeña acotación. Ayer justamente tuve que rendir un final y, una vez más, confirmé lo útil que puede ser transcribir parte del texto a mano, como ayuda indispensable la comprensión y, sobre todo para la memoria que tan poco entrenada la tenemos por estos días. ¿Por qué no aplicarlo a otras lecturas? Bienvenido al club de los anacrónicos, jaja…

    Un abrazo.

  5. Mahatma,
    quiero darte las gracias por este acierto de sincronía, me refiero al tango que oigo desde tu página, justamente cuando me encuentro leyendo un relato cabalistico y el personaje, un judio, se encuentra en Buenos Aires orando en la sinagoga de la calle Libertad.
    N.

  6. En mi caso, además de no poder escribir directamente en el ordenador, al igual que a Núria me gusta leer con un cuaderno y un bolígrafo. No lo hago con las novelas o la poesía, pero sí siempre que leo ensayo. Apunto lo que más me llama la atención, busco el meollo de lo que expresa el texto, las reflexiones que me inspira o incluso la relación con otros textos que he leído. Cuando lees algo muy especial, una de esas frases que te hacen pensar lo de “sí, sí, qué hermoso y qué cierto”, necesito del papel para evitar subrayar y dejar notas en los márgenes. Además es interesante si tras un tiempo relees un texto ver si continuas viendo en él lo mismo o ahora llegas más lejos.

    Por cierto, ¿será la del silicio una época más oscura que la del hierro? 😉

    Un abrazo a todos, ¡panda de anacrónicos!

  7. Oigan ustedes, me voy un rato y a la vuelta me encuentro con… ¡una panda de anacrónicos!… 😉 Ah no! es Pola, que anda diciendo diabluras… 😉

    Mahatma, quizá también haya que demoler nuestras seguridades. El ser humano es egoico por naturaleza. Si hay algo de esencia divina en nosotros no está en lo que cada uno entiende desde su pequeño y limitado “yo”. “Si encuentras un Buddha, mátalo” dice el zen, que es como decir: no te engañes a ti mismo pensando que ya “sabes”, eso te llevará a abandonar la búsqueda y a perder el camino…

    Un beso!
    F.

  8. Y sigo pensando… después de demoler las seguridades ¿no deberíamos demoler también la “esperanza” entendida como aquel estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos? Los apegos no son mas que cadenas que nos inmovilizan y velos que nos ciegan. Lo cierto es que el verdadero viaje espiritual requiere mucho valor, pues hay que alzar la espada, bajar las defensas y mostrarse expuesto, incluso ante el diablo.

  9. Núria, qué interesante sincronicidad… será que los que por aquí nos reunimos coincidimos también en otros aspectos. Seré curioso… ¿nos puedes contar qué estás leyendo? 🙂

    Sahaquiel: gracias por el aliento! Y sí, evidentemente los anacrónicos somos bastantes… ¿o será que tendemos a ser “supra-crónicos”? Es que los símbolos van (o vienen…, para nuestra visión temporal) más allá del tiempo… Abrazo!

    Pola! se ve que eres un chico prolijo! A mí me pasa que (dependiendo del libro, claro) tengo que subrayar o marcar dónde leí algo, o anotarlo en mi cuaderno de notas… Pasa que cuando no lo hago, me pierdo en una maraña de lecturas y luego no recuerdo dónde leí qué cosa. Qué interesante eso que comentas acerca de “si tras un tiempo relees un texto ver si continuas viendo en él lo mismo o ahora llegas más lejos”… porque efectivamente el texto es igual que el símbolo… descubres en él cosas más profundas cuanto más “eres”. Abrazos supra-crónicos!

    Filousia: Tus palabras me llegan en un momento más que apropiado… Aquello de matar al Buddha que encuentras me recordó esta frase (que copié en mi cuaderno de notas 😉 ):

    “No golpees ni al judío, ni al cristiano, ni al musulmán, más bien golpea tu propia alma (nafs) ¡y no dejes de golpearla hasta que muera!” – Shaik al-‘Arabi ad-Darqâwî

    Abrazos para todos!

    M.

  10. Mmmmm, no sé como tomarme lo de “chico prolijo”, vas a tener que concretar…

    prolijo, ja.

    (Del lat. prolīxus).

    1. adj. Largo, dilatado con exceso.

    2. adj. Cuidadoso o esmerado.

    3. adj. Impertinente, pesado, molesto.

    Si la acepción a la que te referías es la 2, entonces un abrazo también para ti. 😉

    Me gustó lo de supra-crónicos!

  11. Vaya! quién iba a imaginar que la palabra tuviera esas otras acepciones… Pero claro que me refería a la 2… no te conozco tanto como para poder afirmar algo acerca de la 1 o de la 3… 🙂

    otro abrazo

    M.

  12. Hola Mahatma,
    disculpa pero he estado unos días ausente de la red. Lo que acabo de leer es una novela que ha escrito un amigo de la Colegiata Marsilio Ficino y que todavía no se ha publicado, por lo que no te puedo adelantar ni tan siguiere el título, ya que a veces éste incluso varía. Siento dejarte con la curiosidad y te prometo que cuando se publique vas a ser el primero a quien se lo comunique.

    Por otro lado estoy de acuerdo en que releer los textos importantes, y todo aquello que tiene que ver con las ideas trascendentes, es un ejercicio imprescindible, ya que es esa reiteración (o rito de lectura concentrada) la que poco a poco va abriendo nuestra percepción. Algo similar a lo que sucede con la gota de agua que al final consigue horadar la piedra.

    Me gustaría volver con más calma sobre el tema de este post, la demolición y, ¿cómo no?, la construcción posterior necesaria. Es una suerte el sistema de tu blog en el que se pueden reiniciar los temas todo el tiempo.

    Te mando un abrazo y te doy las gracias por tu espacio que, para todos los que lo frecuentamos, es un modelo, y un puntal de la “blogecía” que va en pos de Hermes y de la compresión de las ideas metafísicas que esta entidad vehicula.
    N.

  13. Mahatma:
    con respecto a le destrucción, es importante, porque a veces uno vuelve a reconstruir sobre esos mismos simientos, y puede salir mucho mejor que la primera vez.

    Y con respecto a escribir, tengo que confesar, que como bibliotecaria, escribo al margen de los libros anotaciones, porque no siempre tengo un anotador(tengo la manía de leer en los viajes de casa al trabajo y al revés), o lo que hago es anotar en el mismo señalador , para luego anotarlo en un anotador.

    Besos y muy bueno el post.

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