Las ciencias tradicionales

Mucho se ve hoy por todos lados, y sobre todo en la Internet, hablar de mancias y ciencias ocultas, envuelto todo en un halo de misterio, creando una fascinación casi enfermiza en muchos “consumidores”, pero también produciendo un rechazo lógico en todo tipo de personas “sensatas”. Sería interesante reflexionar cuál de estas dos posturas es más dañina: si la del crédulo y despreocupado consumidor, o la del sensato que rechaza de plano cualquiera de estas mancias.

Por un lado está el problema de los falsos maestros y guías espirituales, quienes se aprovechan de aquellos en quienes surgen genuinas necesidades espirituales pero que no tienen una base teórica firme, materia dispuesta para ser objeto de la ambición de estos advenedizos, que en el mejor de los casos sólo arruinan económicamente a su víctima, y que en el peor de ellos, llegan hasta arruinarla física y psíquicamente, por no decir espiritualmente, llegando hasta el extremo de segar toda posibilidad de desarrollo del ser.

Por otro lado, aquellos que niegan rotundamente la existencia de una realidad verdaderamente espiritual (porque desconocen que pueda existir algo semejante, sobre todo si entienden al espíritu como algo meramente fenoménico, es decir, no más allá de lo psíquico o formando parte de éste último), también están cerrándose a sí mismos y en algunos casos a los demás las posibilidades de desarrollar aquellas potencialidades que les permitirían realizar el Conocimiento. No conciben que pueda existir un conocimiento diferente al que están habituados (que es simplemente libresco o con fines solamente prácticos) y si llegaran a ponerse en contacto con algún saber de índole verdaderamente sagrado, no podrían reconocerlo y lo tomarían al mismo nivel que toman lo que ya conocen.

Entendemos así que ambas posturas son dañinas para aquél que vive en una sociedad como la occidental moderna (que bajo ningún concepto podría llamarse civilizada), y que siente la genuina necesidad, como decíamos más arriba, de conocer y desarrollar aquello que percibe por momentos como su verdadero ser. La situación en la que se encuentra este individuo no es para nada placentera, y se podría decir que es hasta dolorosa.[1] Se ve llevado entonces a calmar este dolor (la metáfora no es gratuita, ya que este individuo es “arrastrado” por sus emociones y sentimientos, en lugar de ser “guiado” por su intuición intelectual [2]) en lo primero en que reconozca cierto “sabor” espiritual, en este caso las mancias y ciencias ocultas ofertadas por doquier a un módico precio, adaptable a todos los bolsillos, y vendidas como “esoterismo”.

Esto no sucedía ni sucede en las sociedades que se rigen por principios realmente metafísicos, es decir, universales en el más amplio sentido de la palabra, y en las que cada cosa ocupa su lugar jerárquico natural. Este conocimiento metafísico, al estar basado en los principios universales, le permite comprender al individuo que se dedica a su estudio (que no es sólo teórico, o libresco, sino que forma parte integral de su existencia, acompañándolo durante toda su vida, incluso desde el momento mismo de su nacimiento, al vivir en un medio que se rige por él) la unidad de todas las cosas, y, lo que es también muy importante, y porque este conocimiento es jerárquico, poner cada cosa en su lugar: puede distinguir así cuáles son los principios fundamentales, y cuáles aquellos contingentes derivados de los fundamentales. Poco a poco, al ser su vida, de esta manera, verdaderamente un libro de sabiduría, el individuo sabe que él mismo no es diferente de este conocimiento, y que por lo tanto, como este conocimiento de la unidad es único [3], todos aquellos que participan de él, no pueden más que reconocerse en ese Uno. Pasa de ser un “individuo” aislado a ser parte integral del universo, y aún más, a fundirse en esa Unidad de todas las cosas, incluso en vida.

Pero aún en un medio así, no todos los individuos se encuentran en el mismo grado de conocimiento, a raíz de lo cual surgen diferentes “caminos”, bastante generales, que son como adaptaciones a la mentalidad y a la naturaleza, si no de cada individuo, por lo menos de grupos de individuos más o menos numerosos. De ellos cada uno tomará lo que pueda servirle para su desarrollo. Y esto es así no sólo dentro de una misma civilización o cultura, sino también en otros medios igualmente tradicionales. Es decir, que si bien el Conocimiento es Uno, por la naturaleza de las cosas (ya que vivimos inmersos en la multiplicidad) deben existir adaptaciones para cada mentalidad particular, pero siempre con el fin de alcanzar tarde o temprano aquél conocimiento Uno del que derivaron estas mismas adaptaciones.

Y es en este marco de las contingencias que surgen las llamadas ciencias tradicionales, como aplicaciones del conocimiento metafísico (la Ciencia Sagrada por excelencia) en el plano de la acción. Habría que hacer la aclaración de que aquí no entendemos a la ciencia en el sentido corriente que tiene hoy en occidente, es decir estudiar los fenómenos sólo en vistas a su aplicación práctica, sino que por el contrario, en la ciencia tradicional los fenómenos físicos se entienden como derivados de Principios metafísicos, mientras que en aquélla es a través del estudio de los fenómenos como se “crean” los principios (que, irónicamente, vendrían a ser como “derivados”) y que por lo tanto cambian con cada nuevo “descubrimiento” experimental.

Lo importante es tener en cuenta que el conocimiento relativo que se desprende de estas ciencias tradicionales, por haber derivado de una raíz única y superior, puede ser transpuesto a un orden más elevado, cumpliendo así su función de mediador entre el plano físico (correspondiente a la naturaleza) y el plano intelectual, permitiendo el acceso a niveles que de otro modo serían inalcanzables por el hombre tal cual se encuentra hoy. Se desprende de esto que las distintas ciencias no se contraponen entre sí, es decir, no rivalizan, sino que son diferentes puntos de vista que tienden hacia un mismo fin, aunque superficialmente pueda parecer a algunos que se trata de diferentes cosas.

Como decíamos más arriba, cada pueblo, cada cultura, tiene sus ciencias propias, que son las que mejor se adaptan a la mentalidad particular de los individuos que los conforman. Por poner sólo algunos ejemplos (al primero podríamos denominarlo como el “más alejado” a nuestra mentalidad, y al otro como el “más cercano”), tenemos el caso de China en donde la medicina y otras aplicaciones prácticas como ser el Feng Shui, o incluso la “adivinación” por medio del Yi King, etc. derivan todas de un principio único, llamado Dao. En Europa, en la Edad Media y comienzos del Renacimiento (que fue la época en que comenzaron a desaparecer los últimos rastros de conciencia “tradicional” en el sentido que le dábamos más arriba) existían ciencias de las que hoy casi no tenemos noticia, o que si las conocemos de nombre, no sabemos cómo las entendían aquellos que las practicaban. Nos referimos a las ciencias llamadas herméticas, como la alquimia, la medicina (al estilo de Paracelso, por ejemplo) y las ciencias llamadas hoy “adivinatorias”, como la Geomancia (conocida en occidente a través de los árabes), la Quiromancia, la Astrología, el Tarot, etc.

Se podrían decir muchas más cosas acerca de la adivinación y las ciencias predictivas, pero nos llevarían demasiado lejos en esta exposición. Sólo baste decir que éstas ocupan el escalón más bajo en la línea de las ciencias tradicionales, o mejor dicho, la práctica de estas ciencias en un sentido predictivo es la práctica más “externa” de todas y la más alejada de los Principios de lo que lo son las puramente especulativas. Por tanto, hay que tener en claro que incluso dentro de una misma “ciencia”, como por ejemplo, la Geomancia, no están en el mismo nivel sus orígenes particulares y su aplicación predictiva, siendo aquéllos “superiores” o más profundos que ésta última, la más externa de todas, existiendo entre ambos una gradación o escalonamiento intermedios.

Aún después de haber enumerado algunas de las ciencias tradicionales conocidas hoy, debemos suponer, porque no hay que dejar fuera ninguna posibilidad, que hayan existido otras de las que no tenemos hoy siquiera una mínima idea, y que han desaparecido junto con las civilizaciones de las que formaron parte, ya que al no haber individuos que las actualicen y las enriquezcan, no tienen ninguna razón de ser, por lo que son reabsorbidas, por decirlo así, en sus principios metafísicos, de donde habían surgido en un primero momento.

Contemplando el estado en que se encuentran hoy la mayoría de las ciencias alguna vez tradicionales pero hoy decaídas al más bajo nivel (sobre todo las “mancias”), deberíamos preguntarnos hasta qué grado servirían actualmente como soporte apropiado para cualquier realización espiritual. Las altas enseñanzas de las que fueron expresión, hoy se han perdido, al menos en apariencia. Y ¿quién sería capaz de devolver el espíritu a esta letra que mata?


[1] Cf. el artículo “Un gran corazón puede compensar una mente pequeña…”, de Mansoor Ahmad, en donde se describe la situación de aquél que se encuentra atrapado en el mundo moderno.

[2] Cf. al respecto la nota 1 de “Sobre el trabajo interior

[3] Como se afirma en las enseñanzas sufíes, “la doctrina de la unidad es única” (et-tawhîdu wâhidun)

“Las siete torres del diablo”

A continuación, y luego de un largo silencio, publico la traducción de un artículo citado hace un tiempo en el blog de Sergio Fritz Roa, y cuyo original en italiano puede leerse aquí. Como siempre, pido disculpas de antemano por los posibles errores de traducción (se aceptan sugerencias y observaciones) pero entiendo que un texto referido a un tema tan polémico como éste necesitaba estar en español para facilitar la lectura y el estudio a los interesados. Se han omitido las fotografías que ilustran el artículo, porque no aportan mayor interés, a excepción de un mapa, que se reproduce fielmente. Se han agregado también vínculos en algunas palabras y nombres para que quien quiera ampliar los conceptos pueda hacerlo.

M.

.·.

Las siete torres del diablo

Por

Sâmir Abdu Al-Karîm Al-Hâdfî

 

“porque, así como en su cerca redonda
                Montereggione de torres se corona,
así, por la orilla que al pozo circunda,
                se alzaban en torres de media persona
                los horribles gigantes, a quienes fustiga
      del cielo aún hoy Jove cuando truena”.
[1]

Estos versos de la Divina Comedia nos vinieron a la mente leyendo el artículo “Ereditammo soltanto un cofano, lo abbiamo perso”[2], en el que se encaran algunos aspectos tradicionales de la figura de Alejandro Magno. En el “Iskandr-nâma” (Libro de Alejandro) de Nizâmî, la saga persa que narra la epopeya del Sayîdnâ Dhû Al-Qarnaîn, se presta especial atención a la construcción de la Gran Muralla hecha a fin de contener a las hordas bíblicas de Gog y Magog. Según el simbolismo tradicional, esta Gran Muralla circunda nuestro mundo, y lo protege contra la intrusión de las influencias maléficas de la esfera sutil inferior.  La contención del enjambre apocalíptico triunfó al inundar con mineral de hierro y cobre fundidos el paso entre dos montañas. Alejandro Bicorne puso fin así, con una guerra, a un desorden, al menos hasta el desbordamiento final, y restableció el orden, representando el proceso cósmico de reintegración de la manifestación a la Unidad Primordial.

Esto es un claro símbolo de la función protectora contra la anti-tradición y la contra-iniciación, que, entre otras cosas, en un determinado momento cíclico la función profética de Alejandro Magno hubo de tener y transmitir. Actualmente y a través de las grietas de la Gran Muralla ya se han introducido, y se introducen cada vez más, algunas fuerzas destructivas, precisamente el desborde profético de las hordas devastadoras de Gog y Magog. Las verdaderas grietas se producen exclusivamente hacia abajo y las fuerzas inferiores que se introducen encuentran cada vez menos resistencia.

Los centros pseudo-iniciáticos y en segundo lugar contra-iniciáticos reconectan en su conjunto y en diferentes grados a los agentes humanos a través de los cuales toma cuerpo la acción anti-tradicional, con el llamado al subconsciente en todas sus formas, es decir, a los elementos psíquicos más inferiores del ser humano.

La contra-iniciación ha encontrado, hoy más que nunca, precisamente en la pseudo-iniciación un puesto de observación y de elección para el reclutamiento, constituyendo en realidad una suerte de “espiritualidad al revés”.

En la tierra los soportes materiales de la anti-tradición y de la contra-iniciación son aquellos que tradicionalmente se designan como las “siete torres del Diablo”[3], centros de proyección de las influencias satánicas a través del mundo. Éstos pueden ser el soporte tangible y localizado de uno de los centros de la contra-iniciación, a los cuales presiden los awliyâ ash-shaytân que con la constitución de estos siete centros pretenden oponerse a la influencia de los siete Aqtab, o polos terrestres subordinados al “Polo Supremo”, aunque sólo de manera ilusoria, siendo el dominio espiritual necesariamente inaccesible a la contra-iniciación. En la tradición islámica, los siete Aqtab son los polos que rigen los Cielos planetarios, y en nuestro mundo están representados por los siete Abdal.

La identificación de las siete torres del Diablo con los gigantes vista por Dante en torno al pozo del Cocito es legítima y nos parece aún más justificada cuando se pone atención en el hecho de que éstos, teniendo los pies en el noveno círculo (que es el fondo del Infierno, en cuyo centro se asentaba Lucifer, monstruo de proporciones inimaginables, montaña inmensa de forma humana), como torres de fundamentos satánicos, oscuras y profundas, sus bustos sobresalían por el octavo círculo. Otras fuentes tradicionales hacen claramente mención a estas torres. Por ejemplo, citaremos un pasaje significativo extraído de los “Misterios de la Antigua Alianza”, de Anna Katharina Emmerich, en donde también se hace alusión a los Gigantes, descendientes de Tubalcaín, él mismo hijo de Caín: “He visto muchas cosas respecto a este pueblo de los Gigantes. Se dedicaban a la magia. Construyeron grandes torres redondas de piedra parecida a la mica, a cuyos pies adosaron pequeñas construcciones que conducían a cavernas inmensas. Montaban a lo alto de las torres para observar el horizonte a través de unos tubos. No eran como los telescopios, sino que eran un procedimiento satánico. Veían dónde se situaban las otras regiones, y se manifestaban destruyendo todo, vaciando todo y aboliendo todas las leyes”[4]. En la tradición nórdica, Loki (equivalente al dios Set) posee un misterioso observatorio en la cima de una montaña.

Estas imágenes nos ofrecen una oportunidad para detectar el origen no humano de la contra-iniciación, como se dice de manera inequívoca en el Corán (II,34): “Y cuando dijimos a los ángeles: «¡Prosternaos ante Adán!», se prosternaron, excepto Iblis. Se negó y fue altivo” y por ello fue arrojado al abismo. Precisamente, respecto a los awliyâ ash-shaytân, los santos de Satán, René Guénon precisa: “En el esoterismo Islámico, se dice que aquél que se presenta ante una cierta «puerta», sin haber llegado allí por una vía normal y legítima, ve cerrarse esta puerta delante de él y está obligado a volver atrás, no como un simple profano, lo que en adelante es imposible, sino como un sâher (brujo o mago que opera en el dominio de las posibilidades de orden inferior)”[5].

Las indicaciones contenidas en la obra de Guénon nos permiten localizar geográficamente los centros de la contra-iniciación y el estudio de las fuentes tradicionales (el simbolismo y las leyendas son infinitamente preciosas), no hacen más que confirmar también estas indicaciones. Nos encontramos así en presencia de varias “regiones”, situadas en diferentes países pero íntimamente ligadas unas a otras.

Precisamente el Shaykh Abdul Wâhid Yahyâ [nombre árabe de Guénon] afirma: “Según testimonios dignos de fe, concretamente, en una región remota del Sudán [región del Monte Nuba], hay todo un poblado «licántropo», que comprende al menos unos veinte mil individuos; hay también, en otras regiones africanas, organizaciones secretas, tales como aquella a la que se ha dado el nombre de «Sociedad del Leopardo», en las que algunas formas de «licantropía» desempeñan un papel predominante.”[6] 

Además de Sudán, la sociedad “madre” de la Sociedad del Leopardo se sitúa en Níger, donde existe una leyenda relativa al dios Set, el dios con cabeza de asno[7], y también hay algunos “elementos” interesantes al respecto que provienen de Libia y del Chad. Junto con Sudán, debemos considerar también una gran parte de Egipto, donde la acción anti-tradicional se manifestó primero con las invasiones de los países limítrofes, del desierto de Libia y de Palestina, pero sobre todo a partir de la ciudad de Meroe, nueva capital del famoso reino de Kush (el actual Sudán), a través de la invasión del pueblo nómada de los Hicsos, adoradores del dios Set. En la antigua capital Napata (la actual Giabal Barkal), todavía hay vestigios visibles de un importante “tifonio” dedicado a Tifón-Set. En la zona del Kordofán, donde se encuentran situados importantes yacimientos para la extracción de hierro, de cobre y de oro, los aspectos maléficos de los metales toman cuerpo con el uso y la aplicación profana de carácter chamánico y mágico. Otra torre se localiza en la zona de Siria, tierra de los Fenicios, los Escitas y los Asirios. Los Fenicios deben ser de hecho considerados los descendientes de los pueblos que habitaban el territorio alrededor del Mar Muerto y que se asentaron en la costa de Siria luego del cataclismo de Sodoma y Gomorra. La potencia maléfica se expandió en seguida hacia Cartago con el culto de Moloch. Los Escitas, que portaban una maldición ancestral, con notables analogías con la Sociedad del Leopardo, se hallaban ligados al chamanismo. Finalmente, para los Asirios, que se encontraban también en el territorio de Iraq, el espíritu de Nembrod [8] procedía del principio tenebroso denominado Set. Luego de la construcción de la torre de Babel el imperio asirio fue invadido por los pueblos de las montañas iranias, los Kassiti, la “gente del Tigris”. Nótese que los Yezidis presentes en el Kurdistán son considerados los descendientes de los habitantes de la ciudad de Nínive.   

En Rusia, arribamos a la tierra del chamanismo asociado al nomadismo, en su aspecto desviado y disolvente (objetos escitas acompañan las prácticas chamánicas). Basándonos en las indicaciones tradicionales debemos tener en vista también al Turquestán, vasta región que comprende Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán, Kirguizistán y las estepas del Kazakhistán, desde los Urales hasta Siberia. De hecho no debemos olvidar el vínculo con los mongoles y los hunos. El mismo Gengis Khan quiso atacar el reino del Preste Juan, pero éste “lo rechazó lanzando un rayo contra su ejército”. Los Osetios, descendientes actuales de los Escitas, ocupan el territorio en el centro del cual se sitúa el Monte Kazbek, donde tradicionalmente se dice fue encadenado el titán Prometeo. Otros centros que pueden localizarse en territorio ruso están, uno a la altura del estuario del río Ob, y el otro más al norte sobre la Isla de Belvy (Isla Blanca) en el Mar de Kara, y tengamos presente que todo antiguo centro espiritual deviene tierra de los muertos cuando dicho centro desaparece.

Plutarco subraya que para los antiguos Egipcios la asimilación de la Osa Mayor con Set-Tifón es total. Si en los países donde se sitúan las citadas regiones encontramos los signos más importantes de la cadena contra-iniciática (Sudán, Níger, Siria, Irak y Rusia junto con Turquestán, los Urales y Liberia) y unimos gráficamente en un mapa geográfico los diferentes puntos individuales aparece una representación de la Osa Mayor. Se trata, por supuesto, de una representación terrestre y maléfica, correlativa a la propia naturaleza de la contra-iniciación. La asociación de las hordas apocalípticas de Gog y Magog con el inicio de la revuelta de la casta de los kshatriya no excluye sino que se completa con las indicaciones de la leyenda de las Pléyades y de la Tradición Atlantídea.

El aspecto celeste y benéfico de la Osa Mayor asimilada a las siete estrellas mencionadas en el Apocalipsis deviene el modelo del reino momentáneo e ilusorio de la mentira, siendo la interpretación simbólica invertida una de las características de la contra-iniciación. De hecho en la India la Osa Mayor es la sapta-riksha, es decir la residencia simbólica de los siete Rishis. Estos datos se conforman naturalmente a la tradición hiperbórea, mientras que en la tradición atlantídea la Osa Mayor está sustituida en este rol por las Pléyades, también formadas por siete estrellas. Según los Griegos, las Pléyades eras hijas de Atlante y como tal llamadas Atlántidas.

Es sorprendente que también la disposición geográfica según la modalidad geométrica está copiada en forma distorsionada de aquélla de las auténticas tradiciones ortodoxas, como el ejemplo que encontramos analizando la posición de las grandes catedrales góticas llamadas de Notre-Dame, dispuestas sobre la superficie terrestre según el esquema de una estrella de cinco puntas. Lo mismo sucede respecto de la Gran Parodia del reino del Anticristo, que no será más que la imitación caricaturesca y satánica de la Tradición y de la espiritualidad verdadera y real, la distorsión más extrema y más grande. No podrá ser más que inestable y efímera, aunque en sí misma la más terrible de todas las posibilidades.

Más allá del interés de los datos hasta ahora expuestos, parece aún más importante el hecho de que, junto a estos centros por así decir históricos de la contra-iniciación, es posible, en base a los datos proporcionados por la geografía sagrada, localizar aquellas misteriosas cavernas inmensas evocadas por Emmerich. Éstas son en última instancia, por decirlo así, los flujos de las corrientes contra-iniciáticas que atraviesan, en sentido contrario, las mismas rutas circuladas en sentido positivo y con tendencia centrífuga (desde el Centro hacia la periferia) por las corrientes tradicionales.

Es digno de mención el hecho de que si es posible evidenciar diversos grados (desde el Polo hacia el Ecuador) correspondientes a una sucesiva pero irremediable pérdida de la tradición, estos mismos grados “verticales” representan el aspecto maléfico del avance de las fuerzas oscuras. A éstos corresponden otros tantos grados “horizontales” de tendencia centrípeta. Recordemos que si el Ecuador[9] representa para la tradición el máximo grado de lejanía del Polo, por el contrario para la contra-tradición es su aparente triunfo. Éste, de hecho, será pasajero y cuando tal triunfo parezca completo, se verá destruido por la acción de las influencias espirituales, las cuales intervendrán para preparar inmediatamente el enderezamiento final.

Estas consideraciones están en perfecto acuerdo con los principios metafísicos, según los cuales, al despliegue primordial de la manifestación divina (desde la pura unidad hacia la máxima multiplicidad)  corresponde una reintegración final en sentido contrario, por grados sucesivos y superpuestos. Teniendo presentes estos aspectos básicos notamos pronto quw a lo largo del trayecto báltico-daciano, que comprende los Países bálticos, Rumania, el Cáucaso y la Siberia Meridional, se movilizaron las primeras hordas bárbaras culminando con los Hunos y las poblaciones altaicas, recorriendo en sentido inverso aquellos que recorrieron las primeras grandes migraciones indoeuropeas.

En una primera fase intermedia, en la dirección París-Atenas-Ur, y relativamente más reciente, en la trayectoria céltico-iránica (Roma-Jerusalén-Lhasa), las corrientes contra-iniciáticas se propagaron y se continúan propagando, diremos casi de manera especular respecto a las tradiciones atlantídeas. Señalemos que esta acción es actualmente acompañada de aquella de la última fase, que tradicionalmente  se describe como “el momento en que el Adversario recorrerá la Tierra”. Esta última fase es indudablemente la de la trayectoria que va desde Granada, pasando por la Meca para dirigirse después hacia el Oriente. Interesante al respecto es el hecho de que en 1492 Cristóbal Colón recorre la vía de las Américas a la altura del Trópico de Cáncer, que junto con el paralelo 45 y el Ecuador es uno de los puntos de referencia fundamentales de la geografía sagrada.

La falsificación de todas las cosas, una de las características de nuestro tiempo, no es aún la subversión verdadera, pero sin duda contribuye directamente a preparar el reino del Anticristo: éste es aquél que, se lo conciba como un individuo o como una colectividad, concentrará y sintetizará en sí mismo, en vistas a este trabajo final, todas las potencias de la contra-tradición. Representará, aunque no sea más que a manera de soporte, todas aquellas influencias maléficas que, después de haberlas concentrado en sí, deberán ser proyectadas al mundo. El Anticristo será el ser más alejado del Centro, pero pretenderá ser el que hace “girar la rueda” en sentido inverso al normal movimiento cíclico; tomará la función del Avatara final que en la tradición cristiana es la “segunda venida” de Cristo, y será la síntesis de todo el simbolismo invertido usado por la contra-iniciación. De ahí que el Anticristo pueda incluso tomar los símbolos del Mesías, por supuesto en sentido radicalmente opuesto. El Anticristo debe estar lo más cerca posible a la “desintegración”, por lo que su individualidad, desarrollada de manera monstruosa, se podría decir ya aniquilada, realizará lo inverso de la anulación del Ego frente al Sí Mismo o, en otros términos, realizará la disolución en el Caos, en lugar de la fusión en la Unidad Principial.

La Edad Oscura tendrá fin sólo cuando aparezca el verdadero Kalkin Avatara, el cual montará un caballo blanco, y llevará sobre su cabeza una triple corona, signo de la soberanía sobre los Tres Mundos, y en su mano sostendrá una espada flamígera, como la cola de un cometa. Éste tendrá una verdadera función de Manu (literalmente “aquél que hace girar la rueda”), es decir, aquél que situado en el centro de todas las cosas, dirige el movimiento sin participar de él. Entonces el mundo del desorden y del ser será destruido y, gracias al poder purificador y reintegrador de Agni, toda cosa será restablecida y restaurada en la integralidad del Estado Primordial.

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NOTAS

[1] – Dante Alighieri, Infierno XXXI, 40-45

[2] – Emanuele Tanasi, “L’Idea, Il Giornale di Pensiero”, nov. ’98, Anno IV, numero 11.

[3] – W.S. Seabrook: “Aventures en Arabie”, Gallimard, París.

[4] – Lo interesante de algunas visiones es que están de acuerdo en numerosos puntos con los datos tradicionales evidentemente ignorados por el místico que ha tenido estas visiones. Se puede citar como ejemplo que en 1891, guiado por los datos precisos de las visiones de Anna Katharina Emmerich, el profesor Eugène Paulin, descubrió la localización de la casa de la Santa Virgen en Meryam-Ana-Evi (ciudad vecina a Éfeso) donde María, según la tradición, habitó por nueve años después de la crucifixión.

[5] – René Guénon: “Le Règne de la quantité et les signes des temps”, cap. XXXVIII.

[6] – René Guénon: Ibíd., cap. XXVI.

[7] – Recordemos que según los pitagóricos el asno es el único animal que no ha nacido de manera conforme a las leyes de la armonía, y que de entre todos los animales es el más insensible al sonido de la lira. Para los tuareg de Níger, el asno es considerado el animal más despreciable.

[8] – Infierno XXXI, 67.

[9] – Véase nuestro “A proposito di Axum”, en “L’Idea, Il Giornale di Pensiero”, ott. ’98, Anno IV, numero 10.