Las ciencias tradicionales

Mucho se ve hoy por todos lados, y sobre todo en la Internet, hablar de mancias y ciencias ocultas, envuelto todo en un halo de misterio, creando una fascinación casi enfermiza en muchos “consumidores”, pero también produciendo un rechazo lógico en todo tipo de personas “sensatas”. Sería interesante reflexionar cuál de estas dos posturas es más dañina: si la del crédulo y despreocupado consumidor, o la del sensato que rechaza de plano cualquiera de estas mancias.

Por un lado está el problema de los falsos maestros y guías espirituales, quienes se aprovechan de aquellos en quienes surgen genuinas necesidades espirituales pero que no tienen una base teórica firme, materia dispuesta para ser objeto de la ambición de estos advenedizos, que en el mejor de los casos sólo arruinan económicamente a su víctima, y que en el peor de ellos, llegan hasta arruinarla física y psíquicamente, por no decir espiritualmente, llegando hasta el extremo de segar toda posibilidad de desarrollo del ser.

Por otro lado, aquellos que niegan rotundamente la existencia de una realidad verdaderamente espiritual (porque desconocen que pueda existir algo semejante, sobre todo si entienden al espíritu como algo meramente fenoménico, es decir, no más allá de lo psíquico o formando parte de éste último), también están cerrándose a sí mismos y en algunos casos a los demás las posibilidades de desarrollar aquellas potencialidades que les permitirían realizar el Conocimiento. No conciben que pueda existir un conocimiento diferente al que están habituados (que es simplemente libresco o con fines solamente prácticos) y si llegaran a ponerse en contacto con algún saber de índole verdaderamente sagrado, no podrían reconocerlo y lo tomarían al mismo nivel que toman lo que ya conocen.

Entendemos así que ambas posturas son dañinas para aquél que vive en una sociedad como la occidental moderna (que bajo ningún concepto podría llamarse civilizada), y que siente la genuina necesidad, como decíamos más arriba, de conocer y desarrollar aquello que percibe por momentos como su verdadero ser. La situación en la que se encuentra este individuo no es para nada placentera, y se podría decir que es hasta dolorosa.[1] Se ve llevado entonces a calmar este dolor (la metáfora no es gratuita, ya que este individuo es “arrastrado” por sus emociones y sentimientos, en lugar de ser “guiado” por su intuición intelectual [2]) en lo primero en que reconozca cierto “sabor” espiritual, en este caso las mancias y ciencias ocultas ofertadas por doquier a un módico precio, adaptable a todos los bolsillos, y vendidas como “esoterismo”.

Esto no sucedía ni sucede en las sociedades que se rigen por principios realmente metafísicos, es decir, universales en el más amplio sentido de la palabra, y en las que cada cosa ocupa su lugar jerárquico natural. Este conocimiento metafísico, al estar basado en los principios universales, le permite comprender al individuo que se dedica a su estudio (que no es sólo teórico, o libresco, sino que forma parte integral de su existencia, acompañándolo durante toda su vida, incluso desde el momento mismo de su nacimiento, al vivir en un medio que se rige por él) la unidad de todas las cosas, y, lo que es también muy importante, y porque este conocimiento es jerárquico, poner cada cosa en su lugar: puede distinguir así cuáles son los principios fundamentales, y cuáles aquellos contingentes derivados de los fundamentales. Poco a poco, al ser su vida, de esta manera, verdaderamente un libro de sabiduría, el individuo sabe que él mismo no es diferente de este conocimiento, y que por lo tanto, como este conocimiento de la unidad es único [3], todos aquellos que participan de él, no pueden más que reconocerse en ese Uno. Pasa de ser un “individuo” aislado a ser parte integral del universo, y aún más, a fundirse en esa Unidad de todas las cosas, incluso en vida.

Pero aún en un medio así, no todos los individuos se encuentran en el mismo grado de conocimiento, a raíz de lo cual surgen diferentes “caminos”, bastante generales, que son como adaptaciones a la mentalidad y a la naturaleza, si no de cada individuo, por lo menos de grupos de individuos más o menos numerosos. De ellos cada uno tomará lo que pueda servirle para su desarrollo. Y esto es así no sólo dentro de una misma civilización o cultura, sino también en otros medios igualmente tradicionales. Es decir, que si bien el Conocimiento es Uno, por la naturaleza de las cosas (ya que vivimos inmersos en la multiplicidad) deben existir adaptaciones para cada mentalidad particular, pero siempre con el fin de alcanzar tarde o temprano aquél conocimiento Uno del que derivaron estas mismas adaptaciones.

Y es en este marco de las contingencias que surgen las llamadas ciencias tradicionales, como aplicaciones del conocimiento metafísico (la Ciencia Sagrada por excelencia) en el plano de la acción. Habría que hacer la aclaración de que aquí no entendemos a la ciencia en el sentido corriente que tiene hoy en occidente, es decir estudiar los fenómenos sólo en vistas a su aplicación práctica, sino que por el contrario, en la ciencia tradicional los fenómenos físicos se entienden como derivados de Principios metafísicos, mientras que en aquélla es a través del estudio de los fenómenos como se “crean” los principios (que, irónicamente, vendrían a ser como “derivados”) y que por lo tanto cambian con cada nuevo “descubrimiento” experimental.

Lo importante es tener en cuenta que el conocimiento relativo que se desprende de estas ciencias tradicionales, por haber derivado de una raíz única y superior, puede ser transpuesto a un orden más elevado, cumpliendo así su función de mediador entre el plano físico (correspondiente a la naturaleza) y el plano intelectual, permitiendo el acceso a niveles que de otro modo serían inalcanzables por el hombre tal cual se encuentra hoy. Se desprende de esto que las distintas ciencias no se contraponen entre sí, es decir, no rivalizan, sino que son diferentes puntos de vista que tienden hacia un mismo fin, aunque superficialmente pueda parecer a algunos que se trata de diferentes cosas.

Como decíamos más arriba, cada pueblo, cada cultura, tiene sus ciencias propias, que son las que mejor se adaptan a la mentalidad particular de los individuos que los conforman. Por poner sólo algunos ejemplos (al primero podríamos denominarlo como el “más alejado” a nuestra mentalidad, y al otro como el “más cercano”), tenemos el caso de China en donde la medicina y otras aplicaciones prácticas como ser el Feng Shui, o incluso la “adivinación” por medio del Yi King, etc. derivan todas de un principio único, llamado Dao. En Europa, en la Edad Media y comienzos del Renacimiento (que fue la época en que comenzaron a desaparecer los últimos rastros de conciencia “tradicional” en el sentido que le dábamos más arriba) existían ciencias de las que hoy casi no tenemos noticia, o que si las conocemos de nombre, no sabemos cómo las entendían aquellos que las practicaban. Nos referimos a las ciencias llamadas herméticas, como la alquimia, la medicina (al estilo de Paracelso, por ejemplo) y las ciencias llamadas hoy “adivinatorias”, como la Geomancia (conocida en occidente a través de los árabes), la Quiromancia, la Astrología, el Tarot, etc.

Se podrían decir muchas más cosas acerca de la adivinación y las ciencias predictivas, pero nos llevarían demasiado lejos en esta exposición. Sólo baste decir que éstas ocupan el escalón más bajo en la línea de las ciencias tradicionales, o mejor dicho, la práctica de estas ciencias en un sentido predictivo es la práctica más “externa” de todas y la más alejada de los Principios de lo que lo son las puramente especulativas. Por tanto, hay que tener en claro que incluso dentro de una misma “ciencia”, como por ejemplo, la Geomancia, no están en el mismo nivel sus orígenes particulares y su aplicación predictiva, siendo aquéllos “superiores” o más profundos que ésta última, la más externa de todas, existiendo entre ambos una gradación o escalonamiento intermedios.

Aún después de haber enumerado algunas de las ciencias tradicionales conocidas hoy, debemos suponer, porque no hay que dejar fuera ninguna posibilidad, que hayan existido otras de las que no tenemos hoy siquiera una mínima idea, y que han desaparecido junto con las civilizaciones de las que formaron parte, ya que al no haber individuos que las actualicen y las enriquezcan, no tienen ninguna razón de ser, por lo que son reabsorbidas, por decirlo así, en sus principios metafísicos, de donde habían surgido en un primero momento.

Contemplando el estado en que se encuentran hoy la mayoría de las ciencias alguna vez tradicionales pero hoy decaídas al más bajo nivel (sobre todo las “mancias”), deberíamos preguntarnos hasta qué grado servirían actualmente como soporte apropiado para cualquier realización espiritual. Las altas enseñanzas de las que fueron expresión, hoy se han perdido, al menos en apariencia. Y ¿quién sería capaz de devolver el espíritu a esta letra que mata?


[1] Cf. el artículo “Un gran corazón puede compensar una mente pequeña…”, de Mansoor Ahmad, en donde se describe la situación de aquél que se encuentra atrapado en el mundo moderno.

[2] Cf. al respecto la nota 1 de “Sobre el trabajo interior

[3] Como se afirma en las enseñanzas sufíes, “la doctrina de la unidad es única” (et-tawhîdu wâhidun)

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5 pensamientos en “Las ciencias tradicionales

  1. Las ciencias tradicionales como comentas, están basadas en el conocimiento de la íntima correspondencia que existe entre el orden cósmico y el orden humano, entendiendo que fenómenos aparentemente inconexos delatan el sentido de otras realidades al basarse en la unidad última de todas las cosas. Si todo está conectado es posible que la observación y la lectura de cierto evento nos hable de otro, o inclusive de otros (en plural) al mismo tiempo, dada la interconexión de todos los niveles de la existencia, (como ocurre en el I Ching, donde las predicciones pueden entenderse para el cosmos, la sociedad o el individuo simultáneamente).

    En principio la ciencia moderna también busca comprender los principios universales que rigen el mundo y emplearlos después para predecir eventos o desarrollar la técnica, pero su capacidad de explicación está limitada por su observación exclusiva de los fenómenos externos (y aún más, de aquello extríctamente mensurable) y una visión reducida a las reglas de la causalidad, de modo que no es capaz de dar explicación a los fenómenos no-causales o no-locales (de influencia a distancia). Por no hablar de que suele tender siempre al reduccionismo, de modo que acaba buscando las causas de los fenómenos que estudia simplemente en la observación del mismo fenómeno en un nivel más fundamental y por fundamental se entiende que se produce en una escala menor (microscópica). Esto es lo que ocurre por ejemplo cuando se quiere explicar el comportamiento humano o un “estado de ánimo” mediante niveles de neurotransmisores en el cerebro, sin entender que, como mucho, son dos facetas de lo mismo y no causa y efecto. Y lo peor es que la medicina se basa en esta estrecha concepción del ser humano.
    Y así nos va, pues la ciencia moderna apenas es capaz de concebir que existan dominios de la realidad en los que no le corresponda intervenir, es decir, para las cuales no es aplicable, resultando como mínimo decepcionantes para cualquier mente despierta, las explicaciones simplistas con las que se constriñe y petrifica el mundo de aquel que las comparte. En ocasiones puro veneno para el intelecto.

    En cuanto a las preguntas que planteas pues… ¡Eso mismo me planteo yo!

    Un abrazo.

  2. Hermano, Hace un tiempo tuve la oportunidad de realizar un trabajo acerca del TAO DE LA FISICA (Fritjot Capra) donde plantea a fines de los 70 que la ciencia con su experimentación empírica esta llegando a las mismas conclusiones que en el Oriente llegaron hace 3.000 años, a través de la meditación y conexion con el yo superior; el sentido de unidad dentro del universo. Uno es parte del todo y el todo es parte de uno, por lo que la metafisica toma fuerza en el proceso.

    Respecto de las mancias tengo una experiencia que me hizo replantear mi posición (y hace sentido con lo de Capra)… Mi esposa tiene la capacidad de ver a través del Tarot, luego de observar, preguntar y analizar la correspondencia entre las “prediciones” y los “resultados” llegué a la conclusión inicial de que es capaz de leer, como un cartografo, el plano de nuestra vida, sin embargo, me quedaba la inquietud respecto de nuestra capacidad de tomar decisiones ya que si era un “mapa” todo estaba escrito.

    Luego de investigar mas sobre metafísica y algunas teorías de la fisica, el tiempo y el espacio, mi teoría cambió…Mantengo que tiene la capacidad de leer como un cartografo el “mapa”, sin embargo, dado que el tiempo no existe en realidad y el espacio es un todo en movimiento, lo que ella es capaz de ver es la construcción o proyección que estamos haciendo de nuestra realidad. Si esta realidad al conocerla (dado que habitualmente construímos de manera inconciente) no nos satisface, esa realidad en proceso se deshace y comienza inmediatamente la materializacion de la nueva sólo con hacer andar el pensamiento.[1]

    Hoy mi ejercicio es proyectar lo que deseo y dejar que se construya en el espacio ¿cómo es el proceso? lo desconozco, sólo se que lo que Hermes plantea tiene sentido y lo he ido comprobando en mi recorrido.

    [1]6. MAKOTO – Sinceridad Absoluta
    Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.
    No ha de “dar su palabra.” No ha de “prometer.” El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.
    Hablar y Hacer son la misma acción.

    Bueno, es gratísimo volver por estos lados,
    un abrazo,

    Androcles el peregrino.

  3. Querido Pola:

    Lo que dices acerca de las correspondencias es tan certero, que el uso de ellas puede encontrarse en todas las tradiciones. Ahora mismo recuerdo aquella extraordinaria enseñanza cabalística que se encuentra en el no menos extraordinario Sefer Yetsirah (Libro de la Formación), y que da a entender que los símbolos pueden aplicarse a tres planos o niveles: El Cosmos, el Año y el Alma (el hombre).

    Te dejo un abrazo!

    M.

  4. Hermano Androcles:

    Qué bueno que pases a leerme, y sobre todo que dejes tan interesante comentario.

    El hecho de que la ciencia dice estar llegando a las mismas conclusiones a las que han llegado ciertas tradiciones hace miles de años, me hace plantear si efectivamente es así, o si se están malinterpretando nociones a las que no se puede llegar por medio de la ciencia como la conocemos hoy… o tal vez la ciencia esté cambiando su manera de acercarse a antiguas culturas… lo que me parecería muy saludable.

    Gracias por la cita, me hace reflexionar en aquello de que nuestras acciones (y claro, nuestros pensamientos también, puesto que todo está relacionado) tendrán consecuencias en el futuro, lo que evidentemente está relacionado con la vía del Kshatriya y con la acción ritual; y también cómo es únicamente el Conocimiento el que lleva el fruto en sí mismo, y “realiza” en el aquí y el ahora (eterno).

    Me resulta muy atractivo tu punto de vista acerca de la predicción… ya hablaremos de ello.

    Otro Abrazo!

    M.

  5. Ese punto intermedio del que hablas, ni crédulo ni descreído, tan difícil de encontrar en pleno siglo XXI, es un tema sobre el que reflexiono con frecuencia. Quien quiera realmente aprender, conocer, tiene que saber que su intelecto, su razón -humana-, tiene unos límites. Se trata de un techo a partir del cual es necesario recurrir a otras estrategias si se quiere avanzar. Cuando las religiones eran “diosas blancas” había una unidad primordial, de la totalidad, que en el curso de la historia hemos ido perdiendo…

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