Altruismo

Leyendo hoy un curioso artículo del último número de la Revista de Estudios Tradicionales (nº16,  julio-diciembre 2009), artículo que no deja de sorprenderme por las agudas observaciones que aporta, tanto, que aún sigo perplejo y deberé dedicarle un par de lecturas más como mínimo, me encontré con esta… ¿definición? de lo que se debería (o mejor, no se debería) entender por altruismo. He aquí el fragmento:

.·.

 

Nos enriquecemos en lo interior mediante el trabajo exterior; el Cielo nos da en la misma medida en que nosotros distribuimos a las criaturas lo poco que tenemos, pero hay que saber “cómo” hacerlo. En primer lugar, debemos observar que el “altruismo” es una palabra carente de significado: en rigor, ésto no debería formar parte del lenguaje metafísico por el simple motivo que los “otros” no existen. No hay ninguna diferencia entre nosotros y los demás. Todas las cosas y todos los “otros” son, en el fondo, nosotros. No hacemos más que reflejarnos mutuamente. La vida es una y las individualidades no son más que la inferencia del rayo del destino en el cristal de la creación. La identidad del yo con el “no yo” es la Gran Verdad, así como la realización de esta identidad es la Gran Obra. Si ante la noticia de un robo, no estamos en condiciones de comprender que somos nosotros mismos tanto el ladrón como el despojado, y que, en el caso de un homicidio, somos a un tiempo el asesino y la víctima; si no somos capaces de avergonzarnos ante la descripción de crímenes monstruosos, inauditos, inconcebibles, que nosotros jamás estaríamos tentados de cometer; si no nos sentimos de una u otra manera afectados ante la noticia de un terremoto en el Turquestán o de una epidemia de peste en la Manchuria, sería mejor para nosotros que no nos interesásemos en el esoterismo, ya que desperdiciaríamos nuestro tiempo.

‘Abdul-Hâdî

La universalidad del Islam

 

.·.

Anuncios

4 pensamientos en “Altruismo

  1. Querido M.,

    ¡qué alegría volver a ver actividad por aquí! Es como encontrar reabierta una ventana que nos devuelve un paisaje que echábamos mucho, mucho de menos. 🙂

    En verdad el que citas es un texto muy interesante sobre un aspecto que siempre me ha parecido esencial en la búsqueda, una cuestión que habla de la motivación profunda que debe llevar al interés por el esoterismo, no como vía de escape y distanciamiento, sino precisamente como reencuentro con el Mundo más allá de nosotros mismos.

    Hace poco leí esta frase de Kafka que me pareció que habla de esta cuestión de una manera concisa y genial. Dice así:

    “Puedes abstenerte de los sufrimientos del mundo, es una opción que tienes y que corresponde a tu naturaleza, pero tal vez sea ese abstenerte el único sufrimiento que podrías evitar.”

    Un abrazo muy fuerte!

  2. Querido M.,

    El fragmento es realmente muy interesante. Me quedé pensando en esta frase:

    “Nos enriquecemos en lo interior mediante el trabajo exterior; el Cielo nos da en la misma medida en que nosotros distribuimos a las criaturas lo poco que tenemos, pero hay que saber “cómo” hacerlo.”

    Esta es la “intención” (niyah), que puede ser dirigida, como explica Guénon, de modo tal que, por la ley de “acciones y reacciones concordantes” despierte las vibraciones que pueden poner en comunicación efectiva con el centro supremo.

    Esta es la primera de las cuarenta estaciones del alma por las que ha de pasar el iniciado:

    “El sufí deberá poseer una intención tal que cuando este mundo y lo que contiene, así como el Otro, con su Paraíso y su Infierno, le sean ofrecidos, entregue gustoso este mundo a los incrédulos, el otro y su Paraíso a los creyentes, reservándose los padecimientos y las torturas del Infierno para sí mismo” (Abî-l-Khayr)

    ¡Un fuerte abrazo!

  3. Queridos M. y V.,

    una vez leído el artículo completo, me gustaría dejaros aquí algunas reflexiones más acompañadas de algunas citas.

    Al inicio, el autor habla de la diferencia entre la realidad social y colectiva (histórica, temporal y por tanto relativa) y la realidad personal (la sensación de la eternidad, razón del ser real del hombre, su destino como “retorno”, el objetivo del trabajo espiritual). A la primera realidad la llama “Necesidad” y “Voluntad” a la segunda. Y aclara a continuación que la Voluntad alcanza su plenitud a través de la Necesidad. Este es el “drama” del alma en este mundo, drama no por tragedia (o no sólo), sino por historia que debe desarrollarse, más bien por eternidad que debe alcanzarse desde el tiempo, tras llevar a cabo la Obra, el camino espiritual que se desarrolla a partir de y en este mundo.
    ¿Puede tener, ya no sólo éxito, sino sentido esta empresa por excelencia, si no queda implicado en ella todo nuestro ser? La Obra requiere un trabajo efectivo, real, “material” por así decir. Si no existe tal lo único que hacemos es reflexionar sobre lo que debería hacerse y tal vez caer en el error de que se ha hecho lo que simplemente se ha creído comprender.

    En la futuwwa, la caballería espiritual a la que ha hecho referencia Sahaquiel, el fâta (el caballero) debe estar investido de una serie de virtudes que son tanto actitudes morales como estados interiores inseparables de su significación intelectual y espiritual. La primera de ellas (descritas en número de cuarenta en la obra “Las cuarenta estaciones del alma” de Abî-l-Khayr), es la que ha citado Sahaquiel y no da lugar a dudas: la primera estación es la intención, la orientación apropiada, y ésta requiere de una de las virtudes fundamentales del fâta: “preferencia del otro a sí mismo” y “estar de parte de tu Señor en contra de tu ego”. El autor del artículo lo dice así: “el arte de dar es el principal arcano de la Gran Obra”.

    Comenta Andrés Guijarro en la introducción de las cuarenta estaciones: “dado que el hombre no es sólo una inteligencia que puede discernir la Verdad y conocer lo Absoluto, sino también una voluntad,las virtudes son elementos necesarios en su vínculo a la Verdad.”

    Todo esto no dejaba de recordarme el Bhagavad-gîta, donde el Señor recuerda a Arjuna, antes de la batalla, que no debe abstenerse de la acción (que el propio universo es acción que si Él mismo no llevara a cabo de desplomaría), sino que debe conformar ésta a su dharma (el destino personal relacionado con lo que el autor de este artículo llama “Voluntad”), y sin olvidar a su vez que el devenir del mundo no es su realidad última, su realidad verdadera.

    El autor del artículo expone esta idea con cierta actitud socarrona cuando dice: “en el Islam no nos retiramos al desierto y vivimos como si tomáramos el mundo en serio.”

    Un abrazo muy fuerte a los dos.

  4. Queridos amigos, muchas gracias por los aportes. Estos días estoy releyendo “El Rey del Mundo” (un libro al que se vuelve una y otra vez, y del que siempre se saca alguna luz), gracias Sahaquiel por traernos esa cita de allí: la “intención”, ese in-tendere, tender hacia, y cuál puede ser esa recta intención sino la que tiende hacia el oriente del que habla Pola!
    Perdón por no poder explayarme más sobre el tema, que es tan rico y tan importante. Ya tendré la oportunidad de hacerlo como corresponde.
    Les dejo un abrazo a ambos! y gracias nuevamente
    M.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s