Luigi Valli y la Mujer-Sabiduría II

 

Continuamos con la traducción de la primera parte del capítulo “La ‘Mujer-Sabiduría’ antes y fuera del dolce stil novo”, extraído del libro de Luigi Valli El lenguaje secreto de Dante y de los “fieles de amor”, capítulo del que ya habíamos dado la introducción.

En esta primera parte el autor explica qué entendían por Inteligencia activa los filósofos aristotélicos, sobre todo Averroes y luego los escolásticos, y cómo esta idea se relaciona con la Ma-donna (Señora) a la que cantaban los Fieles de Amor.

 

.·.

 

 

1. La “Inteligencia activa” y su representación como mujer amada.

 

Respecto a este tema no puedo hacer más que utilizar los capítulos VII, VIII y X del admirable libro de Francesco Perez La Beatriz desvelada. Esto podrá mostrar mejor que nosotros, los llamados locos fantasiosos buscadores de alegorías y secretos, caminamos con paso lento pero regular desde hace más de un siglo uno detrás de otro, mientras los filólogos positivos perdidos detrás de las minucias de las palabras y detrás de la falsa autoridad de los antiguos comentadores (quienes eran o demasiado ignorantes para conocer bien aquello que decían o demasiado astutos para decirlo), se dispersaban siguiendo las más fantásticas y contradictorias realidades siempre impalpables.

Perez expuso y demostró la tesis de que la Beatriz de la “Vida Nueva” se identifica con la Inteligencia activa o Sabiduría. Pero erró, a mi modo de ver, al detenerse en esta identificación y no percibir que los argumentos que valían para Beatriz valían perfectamente para las otras mujeres de los “Fieles de Amor” similares a Beatriz en todo y por todo y que, como Vanna de Guido Cavalcanti, paseaban con ella y eran de su misma naturaleza. Pero veamos un poco qué cosa es esta Inteligencia activa y cuándo, dónde y cómo toma forma de mujer.

Partiendo del concepto platónico de que las ideas tienen una realidad propia separada de los objetos y separada del intelecto, Aristóteles y los peripatéticos se plantearon el problema de cómo el intelecto pueda alcanzar las ideas, reales, inmutables, que no caen bajo los sentidos. Aristóteles mismo había pensado en el intelecto un principio que fuera cuasi receptáculo y espejo de las ideas universales, es decir que tuviera la posibilidad de comprender estas ideas, de reflejarlas, de pensarlas. Él dice que la naturaleza de este principio es justamente el de ser posible[1]. De aquí derivó, especialmente a través de las escuelas alejandrinas y árabes, la designación de intelecto posible dada al principio intelectual en cuanto tiene la posibilidad de reflejar las ideas universales desprovistas de toda mezcla de particular y concreto[2].

Pero Aristóteles ya había indicado el hecho de que, si el intelecto posible refleja las ideas del mismo modo que el ojo ve las cosas y que el espejo refleja las imágenes, debe existir un principio activo que sea al intelecto posible como la luz es al ojo o al espejo, un principio a través del cual la simple posibilidad de conocer, que constituye el intelecto posible, devenga en acto. Y este principio se convirtió en lo que se llama Inteligencia activa o Intelecto activo

Esta Inteligencia activa es al intelecto posible como la forma a la materia, como la pintura al lienzo, como la luz al ojo: es aquello que da el ser al intelecto en cuanto lo pone en acto. Las ideas universales inteligibles son reflejadas en el intelecto pasivo sólo por obra de la Inteligencia activa, como los objetos en el ojo por obra de la luz. Ella es por tanto “la luz de la mente”, est quasi lux: lux enim quoquomodo etiam facit colores, qui sunt in potentia, colores in actu. Ella revela las ideas eternas[3]. “Esta inteligencia, universal, única, iluminadora de las mentes humanas, es separada, extrínseca, inmortal, perpetua”[4]. “El entender a través de ella es la máxima beatitud a la que el hombre pueda aspirar, y lo convierte, más que en hombre, en divino”[5]. “Ella es principio de toda unidad reduciendo lo múltiple al Uno: es la rectitud misma”[6].

La doctrina de la Inteligencia activa se desarrolló ampliamente en diferentes escuelas, ya sean puramente filosóficas, o místico-religiosas. En la línea más rígidamente filosófica se desarrolló sobre todo entre los aristotélicos árabes. Averroes, comentando a Aristóteles, había dicho que, de la misma manera que en cada ente sensible concuerdan dos elementos: la materia (posibilidad) y la forma (acto); así en el ser intelectivo concuerdan: por un lado el intelecto posible o material, por el otro la inteligencia activa o formal. La tendencia natural de aquél elemento que representaba la materia era la de  unirse con su forma, es decir, adquirir existencia en acto

Esta tendencia de toda materia a tomar la forma a ella destinada, fue muchas veces considerada metafóricamente por los escolásticos como amor. Acto de amor era simbólicamente la unión de la potencia con la inteligencia, de la materia con la forma. Y al acto de amor viene asimilada por tanto la tendencia del intelecto posible a unirse con la inteligencia activa, a convertirse en Sabiduría en acto[7].

Los escolásticos llamaban incluso copulatio a la unión del intelecto posible con la inteligencia activa. Y Averroes dice: “Intellectus duplicem nobiscum habet copulationem”. – “Intellectus in potentia per copulationem cum intellectu agente, intellgendo ipsum, intelligit res abstractas omnes”. – “Intelligere est valde voluptuosum[8]. Y existe incluso un opúsculo de Averroes que tiene por título: De la beatitud del alma y del matrimonio de la Inteligencia abstracta con el hombre, que comienza así: “Tratando de este nobilísimo tema, es mi intención aclarar la máxima beatitud del ánimo humano en su suprema ascensión. Y diciendo ascensión entiendo su perfeccionarse y ennoblecerse de modo que se una con la Inteligencia abstracta, y de tal modo se una a ella que se vuelva uno con ella; y este sin dudas es el supremo grado de su ascensión”[9].

En el comentario a la Metafísica la representación de la unión con la Inteligencia activa como amor se vuelve aún más precisa, y escribe: “Es opinión de Aristóteles que la forma de los hombres en cuanto que hombres no es otra cosa que su unión con la Inteligencia, la cual él demuestra, en su De Anima, ser nuestro principio agente o moviente. Ahora bien las inteligencias abstractas por dos modos son principio de aquello de lo que son principio, es decir, según que son movientes o según que son fin. La inteligencia activa, en cuanto es abstracta y es nuestro principio es ineludible que nos mueva como la amada mueve al amante: y si toda cosa movida es necesario que se una a aquella que es su causa final y que la mueve, necesario es que finalmente nos unamos a tal inteligencia abstracta aunque en nosotros acontezca por breve tiempo como dice Aristóteles”[10].

De esta “Inteligencia universal” o “Inteligencia activa” habla largamente también toda la escuela tomista diciendo que “el Intelecto posible nada entendería si la Inteligencia activa no iluminara los inteligibles y con ellos a sí mismo elevándose al grado de intelecto especulativo. La repetición y el uso de este modo de entender hace que se vaya asimilando cada vez más a la inteligencia universal, tanto como para tomar su propia forma de modo permanente y durable, como lo diáfano (transparente) la toma de la luz[11]

Esta última idea es particularmente valiosa para entender el misterio de la poesía de amor y comprender cómo bajo sus fórmulas se celebrase justamente esta unión con la suprema inteligencia en la cual el amante se fusionaba con la amada, y terminaba diciendo como Cecco d’Ascoli: “yo soy ella”.

Los escolásticos, por tanto, hablaban de este penetrar que la Inteligencia activa hace en el intelecto posible asimilándolo al penetrar de la luz en el objeto diáfano. Pues bien, Guido Cavalcanti, explicando de dónde viene el amor, usaba justamente la misma fórmula y agregaba que el Amor nace de una “forma que toma lugar y morada en el intelecto posible como en su propio sujeto” y que por tanto, agregamos nosotros, no puede ser otra que la Inteligencia activa, ya que el intelecto posible es el sujeto propio y único de la Inteligencia activa.

 

Amore…

 

In quella parte dove sta memora

prende suo stato si formato come

diaffan da lume… 

Vien da veduta forma che s’intende

che prende nel possibile intelletto

come in subieto loco e dimoranza

 

[Amor… Toma su lugar en esa parte donde habita la memoria, y es (in)formado del mismo modo como lo transparente toma la forma de la luz… Proviene de una forma vista, entendible, que toma lugar y morada en el intelecto posible como en su sujeto.]

 

Por tanto Guido, que es el líder de los “Fieles de Amor”, que es “el único que ve al amor” según Gianni Alfani, al explicar qué cosa es el amor, dice que viene de una forma que “toma lugar en el intelecto posible como en su sujeto”. Pero ¿no viene a decir con esto directamente que esa es la unión del intelecto posible con la Inteligencia activa?

Dice que viene [in]formado como lo diáfano por la luz. ¿No son las mismas palabras con las cuales se designaba en la filosofía la unión del intelecto posible con la Inteligencia activa, unión que era ya pensada como amor, como voluptas, incluso como copulatio? Y todo aquél complicado doctrinarismo de la poesía de Guido Cavalcanti de la que proceden estos versos ¿no demuestra del modo más evidente que aquí se habla de filosofía mística y no de amor por una mujer? Releeremos esta canción y veremos que de amor no hay ni siquiera un solo rastro. Y cuando otro compañero de amores de Guido y de Dante, nos referimos a Dino Compagni, escribe incluso un poema sobre “La amorosa Señora Inteligencia que fija en el alma su residencia” y dice que ella llega hasta el Empíreo, que da poder sobre todo lo que se ama, que atrae el alma de la guerra y así por el estilo, ¿debemos pensar que fantaseaba por su cuenta como un idiota, o que retomaba el motivo bien conocido y comprendido por todos de la Mujer-Inteligencia que en Dante se llama Mujer-Sabiduría? Y cuando encontramos a todas esas mujeres sabias y a Beatriz junto a la fuente de enseñanza, ¿debemos creer que tenemos delante a esta o aquella mujer, o más bien pensar siempre y únicamente en la amorosa Señora Inteligencia?

 

(continuará)


[1] De Anima, libro III, cap. 1, texto 5.

[2] Perez, Op. cit., p. 146.

[3] Aristóteles, De Anima, cap. III, texto 17, 18; cap. II, texto 14 y passim. – Perez, Op. cit, p. 147.

[4] Aristóteles, De Anima, cap. III, texto 19, 20.

[5] Metaphisica, libro XII.

[6] De Anima, libro I, cap. I, texto 47; libro III, cap. III, texto 22 y texto 51. Véase Perez, Op. cit., p. 148.

[7] Perez, Op. cit., cap. XI.

[8] Perez, Op. cit., p. 220 y ss.

[9] Perez, Op. cit., p. 221.

[10] Averroes: Comm. in Metaph., XII, cap. II, co. 38, car. 339, I y V. (Perez, Op. cit., p. 222).

[11] Perez, Op. cit., p. 192.

 

 

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2 pensamientos en “Luigi Valli y la Mujer-Sabiduría II

  1. Querido M.,

    hace tan sólo unos dias que terminé la lectura de la “Vida nueva”, y en verdad que es una joya susceptible de interpretarse del modo más elevado, y que no requiere en absoluto para ello de demasiada pericia o una voluntad de buscar donde no hay. Dante es claro en gran parte de los pasajes y poemas y él mismo nos habla de la naturaleza se su bendita Beatriz la cual tiene el poder de transformarlo y elevarlo por completo.

    En el último de los sonetos del libro dice Dante:

    “Tras la esfera que gira más lejana
    pasa el suspiro de mi corazón:
    inteligencia nueva, que el Amor
    llorando pone en él, lo lleva arrriba.

    Cuando ha llegado allá donde desea,
    ve a una mujer, honores recibiendo,
    y luce de tal forma, que el espíritu
    peregrino la mira en su esplendor.

    Y la ve tal que, cuando me lo cuenta,
    no lo comprendo, tan sutil le habla
    al triste corazón al que le hace hablar.

    Sé yo que habla de aquella tan noble,
    porque a Beatriz recuerda muchas veces
    y así lo entiendo bien, caras señoras.”

    Más allá de la última de las esferas de los cielos, en el Empíreo, en el límite del conocimiento donde toda ciencia no puede más que enmudecer, como siempre nos reiteran los maestros (pienso ahora en Nicolás de Cusa, Eckhart o Ibn ‘Arabî), hasta allí puede ser elevado el espíritu. Pero para Dante tiene el nombre de Beatriz aquello que le es dado a expresar de la esencia infinita en la forma en que aún puede ser nombrada, “y así lo entiendo bien, caras señoras”.

    Ella es “la luz que hace ver y la luz que es vista”, la Señora o Yo celestial que el poeta reconoce ante sus ojos cuando contempla a Beatriz, cuando queda transfigurada por él en figura de aparición: la epifanía que muestra y es el camino a lo más alto.

    El libro es una maravilla, querido M., muchas gracias por la recomendación. 🙂

    Un abrazo muy fuerte!

  2. Gracias, querida Pola, por tus comentarios!
    Realmente la Vita Nova es una joya, y sin dudas una preciosa introducción al Poema Sacro, y susceptible de, como mínimo, 4 lecturas, como decía el mismo Dante en su otra obra maravillosa Il Convivio (El banquete).
    En la Vita Nova es tan patente que tras las palabras oscuras hay un sentido más profundo, como bien dices, que hay que ser verdaderamente ciego como para, por lo menos, no percibirlas. Y a todo esto se suma además, y no es lo menos, la belleza de los poemas…
    Te dejo un fuerte abrazo, me hace muy feliz compartir contigo el gusto por esa obra!
    M.

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