Lugi Valli y la Mujer-Sabiduría IV

 

Cuarta entrega del capítulo ”La ‘Mujer-Sabiduría’ antes y fuera del dolce stil novo”, del libro El lenguaje secreto de Dante y de los “fieles de amor” de Luigi Valli.

En esta parte se toca el tema de la “Sulamita” de Salomón, es decir, la figura de la mujer-sabiduría en la Biblia.

¡Buena lectura!

 

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3. La “Sabiduría” mística personificada en mujer en la Biblia

 

Además, antes de que la divina Sabiduría tomara los nombres de Ennoia o de Sofía y adquiriera forma de mujer en los complicados pensamientos de los gnósticos, la Sabiduría hipostatizada, platónicamente concebida como Ente, ¿no había tomado claramente figura de mujer y no había suscitado conmovedores cantos de amor en libros que se aceptaron como canónicos: los atribuidos a Salomón y especialmente la Sabiduría y el Cantar de los Cantares?

Sólo la increíble superficialidad de la crítica “positiva” puede hacer creer aún que un buen día Dante Alighieri haya hecho la genial invención de representar en la mujer que él amaba, esposa de un vecino suyo, a la Sabiduría santa, mientras que la Sabiduría santa ya tenía forma de mujer amada desde hacía siglos en la filosofía y en la religión y de la cual estaban llenas incluso las páginas de la Biblia!

La Sabiduría de Salomón y la amada del Cantar de los Cantares son descritas con muchos de los rasgos propios con los que se describirá después en la Vida Nueva la Beatrice de Dante. El autor de la Sabiduría dice haberla amado desde pequeño, haberla querido como esposa, haber estado enamorado de su aspecto cuando era puer ingeniosus y animam bonam.

“Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza…Decidí, pues, tomarla por compañera de mi vida, sabiendo que me sería una consejera para el bien y un aliento en las preocupaciones y penas…No causa amargura su compañía ni tristeza la convivencia con ella, sino satisfacción y alegría…[1] Era yo un muchacho de buen natural, me cupo en suerte un alma buena”[2].

¿Y cómo es descrita esta Sabiduría? Justamente como mujer que camina por la calle igual a como caminaba Beatrice: “Radiante e inmarcesible es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan[3]. Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella; se les muestra benévola (Mostrasi sì piacente a chi la mira!*) en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos”[4].

Pero ¿no se siente el eco lejano, más que evidente, de la famosa exaltación: “Tan noble y tan honesta parece mi dama…”? ¿Y no se lee el mismo apelativo que Dante da a Beatrice “O isplendor di viva luce eterna[5] en el atributo que le da este libro de “candor lucis aeternae[6]? ¿Y no se advierte la unidad perfecta de estas dos mujeres en el grito con el que la mujer del poeta es invocada en el Paraíso terrestre: “Veni sponsa de Libano[7]? ¿Y no es justamente el Cantar de los Cantares el que la invoca también bajo la forma de uno de los “veinticuatro ancianos” que son los libros del Antiguo Testamento? ¿Y no es Salomón, supuesto autor de estos libros, al que Dante exalta como aquél que estaba más próximo a la Sabiduría (“A veder tanto non surse il secondo”[8])?

La mujer del Cantar de los Cantares tiene rasgos personales bien característicos, sus encantos son enumerados y analizados de forma muy minuciosa y realista, su pasionalidad femenina es evidentemente mucho más viva de la de las evanescentes mujeres del dolce stil novo; la búsqueda que hace de ella el amante es mucho más apasionada y sensual de la que Dante o Cino hacen de sus mujeres; pero todos saben que la mujer del Cantar de los Cantares es simplemente el símbolo de la Sabiduría santa y la interpretación que da la Iglesia no se aleja sustancialmente de esta, porque la Iglesia es justamente Aquella en la cual la Sabiduría santa que ve a Dios se personaliza y vive.

Que los críticos “positivos” que quieran citar las pocas frases esparcidas aquí y allá en la poesía del dolce stil novo donde parece que brillara un rayo de verdadero amor, reflexionen mejor si no quieren extraer conclusiones superficiales de las partes en donde brilla verdadera sensualidad en el Cantar de los Cantares, reflexionen en todas las partes en donde la mujer es exaltada de manera tan dulce y que representa ideas místicas, reflexionen en el dulce sueño de la jovencita entre las flores, en las expresiones acaloradas y agitadas que hacen palidecer cada palabra de amor de los poetas del dolce stil novo. Y sin embargo esa no es mujer y ese amor es místico y todo es figuración, símbolo, jerga amatoria, y se reconoce como jerga amatoria porque lo dice la tradición, la misma tradición que ha puesto este libro entre los libros sagrados del Antiguo Testamento.

Si esta tradición no existiera, estoy seguro de que los críticos “positivos”, leyendo el Cantar de los Cantares buscarían con su método “positivo” nombre, apellido, año de nacimiento y paternidad… ¡de la Esposa del Cantar!

Ahora bien, con respecto al dolce stil novo la tradición fue opacada por el temor de quien sabía y por el hecho de que a continuación la ola de la verdadera lírica de amor se sobrepuso a la poesía mística, cuando la llama del espíritu místico se atenuó o desapareció. Existía y la rastrearemos.

Se debe insistir un poco, sin embargo, en el proceso por el cual la Sabiduría divina celebrada en el Cantar de los Cantares (pensamiento de origen platónico) fue interpretada por la Iglesia como la Iglesia misma.

Mientras que el famoso personaje de la Mujer-Sabiduría adquiría tanta importancia entre los gnósticos y en el misticismo oculto que por antigua tradición reconoció a Salomón, el místico amante de esta mujer, como su fundador y cabeza, y la figura de esta Mujer-Sabiduría se encontraba en las imágenes no ortodoxas de Sofía y Ennoia, la Iglesia con una de sus habilísimas apropiaciones declaraba que la mujer del Cantar era precisamente la Iglesia. Y, como dije, no se apartaba de la verosimilitud. Evidentemente si la Iglesia era iluminada por Dios y poseía la revelación, se convertía en la depositaria de la Sabiduría santa que ve a Dios. Ella, con su doctrina, se convertía en verdadera mediadora entre el intelecto y Dios, identificándose con la divina Sabiduría. La Sabiduría divina por ser el vehículo directo entre Dios y el intelecto posible del individuo, tomaba el nombre de Revelación.

La Revelación histórico-colectiva entregada a la Iglesia, sustituyendo a la Inteligencia activa que en la filosofía pagana se puede considerar como una revelación individual de las verdades eternas (las ideas), en cierto modo heredaba de ella no sólo la función, sino también la imagen mística y poética, de la que había hecho una mujer.

Así mientras que de una parte, en Oriente, la misteriosa Mujer-Sabiduríase multiplicaba en las variadas figuras de la Gnosis y finalmente reaparecía en la misteriosa “Rosa” cantada por los poetas de Oriente, y se confundía con la mujer simbólica de los sufíes, objeto de la pasión poética de los “Fieles de Amor” de Persia, en el caso de la Iglesia católica asumía con perfecta lógica las características, la figura, el nombre de la Iglesia reveladora.

En los “Fieles de Amor” de Occidente confluyeron ambas tradiciones y la mujer mística reaparece.

¿Quién era? Al principio tenía un nombre vago, convencional: “Rosa”, “Flor”; luego tomó otros nombres, revelando a veces rasgos prevalentemente filosóficos y el carácter de Inteligencia activa, otras veces mostrándose como Sabiduría mística, esencia de la revelación católica, Sabiduría llevada a la tierra por Cristo y entregada a su Iglesia.

Pero mientras tanto sucedió algo terrible: un hecho que pesa como una pesadilla invencible sobre toda la conciencia del Medioevo: la Iglesia se había corrompido. El vaso destinado a llevar la Sabiduría santa, la santa Revelación, se había convertido en receptáculo de corrupción, había sido quebrado por el demonio (“El vaso que la serpiente rompió”, dirá Dante en el último canto del Purgatorio). Ahora bien, ¿se destruyó por esto la divina Sabiduría? ¿Tal vez por esta razón se les niega para siempre a todos la posibilidad de conocerla, de amarla, de buscarla con pureza de corazón y con ardor de espíritu? No, respondía la conciencia religiosa de los hombres. Las almas nobles y fervientes de espíritu religioso la buscan bajo el velo de los símbolos, le dan el nombre de “Rosa” o de “Flor”, continúan dándole el nombre, la figura de una mujer amada. Rodeado por la desconfianza de la Iglesia, a la cual él en su interior no reconoce por ahora la dignidad de hablar en nombre de la Sabiduría santa que él ama, cada fiel le da un nombre diferente y habla de ella entre la “gente grossa” y bajo los ojos de los inquisidores como de una mujer amada.

Así los fieles concilian su fe en la santa Revelacióncatólica con la certeza de que la Iglesia carnal corrupta ya no habla más en nombre de la santa Revelación de la divina Sabiduría y, como ya dije, bajo el velo del extraño simbolismo del amor, apelan a la Sabiduría incorruptible de la Iglesia contra la Iglesia misma que se corrompió, contra la Iglesia carnal que, ocupada en ir tras los bienes mundanos, ya se olvidó de ella y que por el contrario la esconde o la persigue en la palabra de los disidentes, que se sienten sus verdaderos seguidores, los verdaderos fieles de la Sabiduría santa.

 

 (Continuará)

 


[1] Sabiduría, VIII, 2-16.

[2] Sabiduría, VIII, 19.

[3] Sabiduría, VI, 13.

* Verso perteneciente al soneto “Tanto gentile e tanto onesta pare” de Dante, incluido en la Vita Nova, cosa que señala enseguida el autor (N. del T.)

[4] Sabiduría, VI, 17.

[5] Purg., XXXI, 139.

[6] Sabiduría, VII, 26.

[7] Purg., XXX, 11.

[8] Par., X, 114.

 

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